lunes, enero 30, 2006

Cinco Impactos Subyacentes de la Selección de Personas

Tengo diez personas trabajando conmigo en mi pequeña empresa. A uno no me lo banco más. No sé que hacer. Lo peor es que no sé si estoy dispuesto a pagar todo lo que implica su indemnización. Es una fortuna, y es un inútil que no se la merece. Estoy seguro que este tema me quitó autoridad con el resto, y lo peor es que esta decisión la vengo arrastrando desde hace varios meses.”

Muchas veces dedicaré el blog semanal a la selección de personas, porque representa una de las decisiones que mayor impacto tiene en una organización.
Hoy solo me referiré a este punto, mencionando cinco consecuencias frecuentemente no analizadas que trae aparejado el ingreso de un nuevo integrante a la “familia” que es cada empresa. En el proceso de selección es recomendable hacer un repaso por estos impactos.


Impacto Cultural: Las personas que pasan a ser parte de una empresa son una señal fuerte para el resto. Aunque uno no quiera o no sea conciente de ello. El estilo del nuevo empleado es el que los demás – otros empleados, proveedores, clientes – muchas veces interpretarán como el estilo buscado.


Impacto en las relaciones: Muchas horas a la semana. Hombro a hombro, en el mismo ambiente. Miles de almuerzos. De cumpleaños. De llamadas telefónicas. Un nuevo integrante con quien convivir. ¿Sabrá hacerlo?


Impacto Económico: Por supuesto debemos tener garantizado el flujo de trabajo en el tiempo, si es que no será una posición temporal y su contrato así lo refleje. Por otro lado, si bien la legislación en los distintos países de Latinoamérica es distinta, en prácticamente todos, el costo de salida de un empleado es alto. ¿Pensar esto en el momento de la contratación? Sí. Y aunque parezca obvio, la necesidad del momento, o el deslumbramiento por el nuevo recomendado pueden hacerlo olvidar. Siempre hay que recordar que los contratos comerciales se discuten cuando la relación está en el mejor momento, y justamente eso permite pensar con tranquilidad los riesgos. En este caso, también deben pensarse los riesgos en ese momento. Me refiero a intentar analizar el tiempo que esta persona querrá estar con nosotros, su nivel de conflictividad, etc.
La economía informal no es excusa. Aunque uno crea que la ley no cuenta en este caso, el riesgo de reclamos posteriores es alto, y puede llegar a destruir el negocio.


Impacto en los Valores Corporativos: De similar manera que el impacto cultural, no solo el estilo del nuevo empleado es relevante para el resto. Sus valores personales estarán siendo mirados en detalle y todos estarán atentos para poder disipar dudas y saber que pueden confiar. Si no son coincidentes con los valores corporativos actuales – los vividos, no los pregonados – la gente podría asumir que han cambiado.


Impacto en el estilo de conducción: Salvo que todavía alguien crea que puede dirigir a todas personas de sus equipos con el mismo estilo, ante una nueva incorporación debe considerarse si somos capaces no solo de identificar el estilo de conducción que esta persona necesita para sacar lo mejor de sí, sino si vamos a saber hacerlo.


Estos impactos adicionales a los buscados – cubrir una necesidad – deben tenerse siempre en cuenta.

Deportistas Embajadores

Tal vez no debería ser así. Cuantas cosas deberían ser distintas? Un deporte es un deporte. Un país un país. Quienes deberían ser los Embajadores?
El país no es un equipo de fútbol. Ni un tenista. Ni un basquetbolista exitoso. Pasaporte por favor, en cualquier idioma. Argentino? Maradona!! o Ginóbili!! o Nalbandian!! Quien no vivió esto no salió del país con pasaporte argentino…
El ser y el deber ser. Lo que debería ser. "Las realidades no importan, solo las apariencias" diría Maquiavello. Lo cierto es que el mundo observa, y con tanta información, su memoria solo registra algunos datos perdidos de los países. Algunas imágenes sueltas en el noticiero del día. Con eso, procesan su opinión sobre cada país. En nuestro caso, saber que esos segundos muchas veces están dados por piqueteros y huelguistas, pero también por deportistas, debería llevar a la reflexión a estos últimos. Sí, son verdaderos embajadores. Entender la realidad es un privilegio de pocos.
La corriente de simpatía que puede generar un deportista, respecto de un país, es inimaginable. Y un equipo, más aún.
Cuando protestan, le echan la culpa al referí, no saludan al rival, o se sacan la medalla que reciben.
Muestran como somos los argentinos.
Cuando derrochan talento y mantienen la humildad, son admirados por todo el mundo, y mencionados como embajadores por presidentes de otros países, como Lula y Bush respecto de Tevez y Ginobili, también lo hacen.
Por eso son verdaderos embajadores.
Aunque no lo busquen, aunque el mérito sea exclusivamente de ellos y aunque no haya una política para aprovecharlo.

La genialidad

Estuve pensando, aun sin respuesta, sobre la genialidad.
Y se me plantea la duda de cuándo debemos, aparte de lo que nos guíe la instintiva búsqueda de la armonía, pensar en la genialidad de una obra, por ejemplo un cuento.
En mi cuento "Las Dos Cartas", se refleja algo que siempre sostuve, que podría resumirse en la importancia de valorar lo que uno tiene por sobre la apariencia de las otras opciones. Ahora bien, escribí el cuento para describir eso? O se manifiesta en el cuento porque así lo pienso pero sin que me diera cuenta que lo estaba haciendo?
La genialidad es del que quiere transmitir algo y lo hace encubierto? O la genialidad es del que transmite naturalmente, sin percatarse, una determinada visión u opinión? Tomemos el ejemplo de una película. El director busca darle todas las lecturas que uno le encuentra al verla o analizarla? O son consecuencia de la genialidad del artista que no se da cuenta, pero su sensible percepción de la realidad lo hacen hacer una obra de arte?
Me inclino a pensar que el artista es mucho menos racional que el crítico. Y que éste, tal vez más culto, devela el interior de alguien sensible, genial, pero inocente de la obra que hizo.

martes, enero 24, 2006

Mi Mail en Vacaciones

Es un camino sin salida. Si no abría los mails pensaba que estaba incumpliendo, que si pasaba algo yo no estaba al tanto. Si los abría, me daba impotencia y quería volverme, o en el mejor de los casos, me volvía a empapar de todos los problemas de los cuales quería descansar”, me comentó el director de una empresa al volver de sus vacaciones. También hizo referencia a su celular: “No sabía que hacer. Si lo llevaba durante el día a la playa, me sentía ridículo. Volvía de bañarme en el mar y chequeaba a ver si en ese tiempo me había entrado un mensaje. Cuando opté por dejarlo en casa, los segundos que pasaban entre que lo prendía, y sonaba el aviso de mensajes pendientes, era una tortura. El placer de no escucharlo era un alivio indescriptible, comparable al de comprobar que los mensajes eran solo de amigos…”
No creo que este importante directivo sea el único que pasó por estas cosas en las vacaciones. Y nadie podría decir de él que no disfruta muchísimo su trabajo, con altísimo compromiso.
Chequear los mails durante las vacaciones, ya sea en forma constante, periódica o esporádica, o no hacerlo en absoluto, tiene que ser producto de una decisión pensada, con todas las implicancias, ventajas y desventajas en juego.


Mandar mails

¿La empresa considera que un mail mandado a alguien en vacaciones debió haberse leído? ¿Se considera informada a la persona que se le envió?
Este tema está cobrando tal relevancia que debería ser una política definida por RRHH, y que no deje lugar a interpretaciones que puedan generar altos costos, independientemente de la preferencia y libertad de cada persona de chequear o no sus mails. Dado este paso, todos tendrán un elemento esencial para tomar la decisión que mencionamos antes.
Aún cuando la política definida sea que no, serán muchas las razones para justificar el envío de un mail a alguien que esté en vacaciones. Usualmente se le mandará en copia, con la usual demostración de cobertura propia de los que no hacen de la confianza el eje de su relación laboral. La excusa es siempre la misma, la de la importancia de mantenerlo informado, cuando en la gran mayoría de los casos se encuentra subyacente el querer dejar una prueba.
Frente a la decisión de mandar un mail a alguien de vacaciones, el “sender” debería intentar dilucidar –si es que no se lo dijeron abiertamente – cual fue la decisión que tomó el “reciever” en relación al chequeo de mails.
Es una obligación pensar si no se está molestando innecesariamente a una persona cuando se le envía el mail. El infantil argumento acerca de la opción de abrir o no el mail cuando está en la bandeja de entrada demuestra desconocer la compulsividad que el mail genera. Saber que uno tiene un mail en negrita puede hacer que uno de cientos de vueltas en la cama hasta conciliar el sueño, lo que se dará solo después de haber ido en pijama a las dos de la mañana a conectarse con wi-fi en la estación de servicio más cercana.
Aún cuando sepamos que alguien que está de vacaciones chequeará los mails, debemos ser muy prudentes.

Recibir mails

Dejo a cada uno el análisis de las ventajas y desventajas que lo ayudarán a tomar la mejor decisión. Sin embargo, creo siempre conveniente guardarse la posibilidad de no chequear los mails, y dejarlo bien claro en el aviso del “Asistente para fuera de la oficina”.

El futuro que nos espera tendrá alto impacto en el establecimiento de nuestras prioridades. Hasta que tengamos la experiencia suficiente, los mails y llamados que ingresarán masivamente a los equipos portátiles que formarán parte nuestra tanto como las alianzas o lentes de contacto, las prioridades van a tener que ver mucho más con la urgencia que con la importancia. Hoy es visiblemente notable al permitir la interrupción de una conversación por una llamada cuya importancia, en la gran mayoría de los casos, desconocemos. Lo mismo sucede cuando se permite que la agenda del día empiece a ser modificada de acuerdo al orden de los mails que abrimos al llegar a la oficina.
La maravilla de la comunicación no debería dejar que nos mantengamos a flote siguiendo la corriente, sino reflexionar sobre el uso que le daremos en cada caso. Así, seremos nosotros los únicos responsables.
“Finalmente, cuando a mitad de mis vacaciones cambié el mensaje de respuesta automática diciendo que no podría chequear los mails, y que todos los temas los vieran con mi equipo, sentí que me sacaba un peso enorme. Aún así cuando yo quise, los miré”, me dijo con cara relajada y quemada por el sol.

jueves, enero 19, 2006

Las Vacaciones (II de II)

Siempre creí, y podría asegurarlo en muchos casos, que hay algo de sadismo detrás de las explícitas e insistentes disculpas cuando llamamos a alguien durante sus vacaciones. Siempre creí, y podría asegurarlo en muchos casos, que hay algo de placer detrás de las explícitas e insistentes aseveraciones acerca de lo poco importante de que nos hayan llamado durante nuestras vacaciones.
Atrás del primero se esconde una participación mayoritaria de demostración de poder, y como accionista minoritaria la envidia.
Atrás del segundo solo se esconde la sensación de seguridad que da el creerse necesario.

Verdadera Desconexión:

Las personas como representantes de sus empresas y las personas como empleadas de esas empresas, cualquiera sea la posición que tengan, harían muy bien en valorar en su justa medida la importancia de renovar fuerzas y despejar la mente. Esto requiere que la desconexión sea un sinónimo de toma de distancia. Y para que eso ocurra debe ser verdadera. Una simple llamada en mitad de las vacaciones, independientemente de los sentimientos y pasiones que puedan estar involucradas según vimos previamente, tienen como consecuencia inevitable acercar a la persona a sus responsabilidades, problemas, funciones, a la velocidad del sonido. Dicho esto en sentido literal. La simple voz en el teléfono, independientemente del tema que lo motive, en el mejor de los casos solo coloca mentalmente a la persona en el entorno laboral del cual quería tomar perspectiva y descanso. Algunas personas logran resetear rápidamente su mente. Pero otras no. La gran mayoría de las veces esas habilidades personales no se conocen por parte del resto de los integrantes de la empresa. Variadas pueden ser las situaciones, pero las más frecuentes son: Jefe a Subordinado y Subordinado a Jefe:
Jefe a Subordinado: este tema fue abordado en la primera nota. Siempre hay un justificativo atrás de cada caso. Siempre. Suele demostrar una falta de convencimiento por parte del Jefe acerca de la importancia de las vacaciones. Solo hay que fijarse si es una práctica que le gusta que se aplique a él. Y la respuesta será que sí.
Está claro que hay casos de mucha urgencia que por supuesto no se encuadran en estas premisas. Pero son pocos. La gran mayoría puede esperar o, mucho mejor, resolverse de manera alternativa. Siempre requerirá esfuerzo e inteligencia adicionales. Podría ser que hasta costos adicionales. La valoración de estos costos comparativamente al impacto del llamado en su total dimensión, son los que representan una buena decisión.
Subordinado a Jefe: este caso se da exclusivamente cuando el subordinado sabe sin ningún dejo de dudas que la frase “me llaman cualquier cosa”, era cierta. Y suele darse en los casos en que la delegación no es el fuerte del estilo de dirección del jefe. La reacción posterior a las vacaciones sobre los temas decididos en su ausencia revelará a los involucrados la conveniencia de actuar de una u otra manera en los casos futuros

Un capítulo relevante y adicional de las vacaciones merece el mail, pero será tratado en notas especialmente dedicadas al tema.

Rentabilidad de las vacaciones

Hemos visto en notas anteriores la importancia de las motivaciones. Dentro de las motivaciones intrínsecas, y liderando la lista, se encuentra el sentido de pertenencia. La actitud de las empresas acerca de las vacaciones puede afectar a favor o en contra, pero siempre en grado sumo, ese sentido de pertenencia.
Aunque este debería ser un motivo suficiente para entender la conveniencia de manejar bien este tema por parte de la dirección, no es la única.
En efecto, contar con gente que ha tomado distancia, ha vuelto con ideas nuevas, o al menos con un nivel de stress menor al anterior, que ha dormido, que ha descansado, es una ventaja competitiva. El contar con equipos de gente que por el contrario no lo han hecho, seguramente impactará en los números de la empresa.

Vacaciones sin vacaciones

Al principio de la Nota I se desnudaba la escasez del tiempo dedicado a lo que más nos gusta. A los mejores momentos. La realidad nos indica que los cambios no están próximos, por lo tanto algunas acciones pueden apaciguar la espera ansiosa del nuevo período vacacional:
Fines de Semana: Los viajes cortos suelen tener el efecto renovador que tan importante resulta de las vacaciones, romper la rutina. Depende el país, pero en varios de Latinoamérica la legislación favorece los fines de semana largos. En estos casos no hay que dudarlo y programarse para hacer de estos, pequeños oasis. Pero esto es una obviedad. Lo que pocas veces se hace es transformar un fin de semana normal en vacaciones. Y este es un desafío que quienes lo enfrentan no vuelven atrás.
Días de semana: Las actividades cotidianas conspiran obstinadamente contra la posibilidad de hacer algo después de las jornadas de trabajo. Sin embargo, en las épocas del año durante las cuales los días son más largos, muchas son las personas que se organizan y los aprovechan.
Vacaciones sin verano: Cortar el año con vacaciones en estaciones no tradicionales suele otorgar energía adicional para enfrentar lo que resta del año. Las limitantes en este caso son muchas.

Finalmente dos reflexiones.
La primera es acerca de la Alta Dirección y al error de pensar que estos temas son ajenos. Con altas responsabilidades nuestra obligación es estar a plena capacidad. Y para estar a plena capacidad, el cambio de aire es tan necesario como la dedicación.La segunda es nunca olvidar que el placer de las vacaciones está dado por el placer de trabajar.

lunes, enero 16, 2006

Las Vacaciones (I de II)

Una reunión de padres reveló entre ellos la triste realidad de reconocer que los mejores momentos de sus vidas habían sido en vacaciones. Se les había pedido pensar en algo que representara a sus familias. Un porcentaje mayor al 90% se refirieron en esa reunión a las vacaciones en familia, agregando que no solo eran representativas sino que habían sido los mejores momentos vividos. Y si nos referimos a la importancia primordial de la familia, tal como acordaron generalizadamente en dicha reunión, los hechos parecen mostrar que tanto lo más importante como los mejores momentos, ocupan porcentajes ínfimos en la agenda anual.

La legislación laboral, y la autoexigencia – tal vez motivada por temores, a veces fundados – llevan a que por ejemplo en Argentina durante los primeros cinco años dentro de una empresa sean solo catorce los días (corridos) de vacaciones. Comparados con Alemania donde siete semanas es moneda corriente. Independientemente de la viabilidad futura en esos países, la diferencia es aterradora.
Imagino que ese grupo de padres habrá quedado con un sabor amargo al pensar que los mejores momentos de su vida se dan en esos quince días.
Parece ilógico destinar tan poco tiempo a lo que consideramos más importante. Sin embargo son justificadas y realistas las razones por las cuales eso no se cambia. Pero saberlo puede ayudarnos a tomar algunas decisiones que tal vez sean útiles:

Tomarse la mayor cantidad de días posibles: En los casos de relación de dependencia por supuesto esto debe plantearse al momento de la contratación e investigando sobre las políticas de la empresa en ese sentido. Los autónomos suelen pregonar que ésta es la mayor de las ventajas de su autonomía. Sin embargo todos los estudios indican que no les resulta tan fácil aumentar los días de descanso. Y si lo hacen la calidad de las mismas puede empezar a decaer, por el solo hecho de ser dueños y sentir que su ausencia disminuye la facturación considerablemente.

Tomarse los días que corresponden: No solo intentar que estos sean los más posibles, sino que si los tienen, tomárselos. En varias empresas la política que fijé al respecto indicaba que perderían el goce de sus vacaciones (ya pagadas por adelantado a todo el personal) si no las gozaban. La imposibilidad de acumularlas - un error infantil aunque reiterado – hacía que las personas tuvieran su tan importante momento de descanso.

No poner demasiadas expectativas: diez días de lluvia, o cinco con fiebre, o dos intoxicado, o tres peleados con los hijos o padres o suegros pueden hacer que las vacaciones no sean el increíble momento que añoramos durante el año. Aún así, es probable que varios meses después el recuerdo haya tamizado estos momentos y vuelvan a ser el mejor de los tiempos vividos.

Dejar de lado la culpa: Sentimiento irracional pero frecuente. Este no puede tomarse como un consejo, ya que enunciarlo no lo aplaca. Sin embargo es bueno saber expresamente que no deberíamos sentir culpa si hemos hecho las cosas bien y con responsabilidad.

Denlas con tranquilidad (para las empresas, jefes o líderes): Son importantes para las personas. Muy. Respétenselas, estén atentos incluso a necesidades adicionales. No los molesten durante ese período. Cuando lo hacen suele ser porque algo mal hicieron uds., o no saben como resolverlo, aunque la culpa por lo general se cargue al que “abandonó el barco en este momento tan importante para la empresa”, aunque nunca se lo dirán.

En la segunda parte (II) se incluirá la importancia de hacer una verdadera desconexión, el impacto de las vacaciones en la rentabilidad de la empresa y las vacaciones sin estar de vacaciones.

jueves, enero 12, 2006

Calor en Verano

Es obvio. Una obviedad de similar magnitud que frío en invierno. O no.
Es sorprendente la cantidad de personas que no pasarían el test de una sola pregunta:
¿Por qué hace calor en verano?.
Casi podría asegurar que un porcentaje similar al que permite que un presidente sea elegido contestaría errónea o vagamente.
Piénselo. Escriba en su mente la respuesta que considera correcta antes de seguir leyendo. Es obvio que la sabe, ya que tiene más de 8 años y puede estar leyendo este blog. Siguió leyendo?
¿No habrá contestado que hace calor en verano (en cualquier hemisferio) por que la órbita es elíptica y es cuando el sol está más cerca, no? No está tan mal igual. En realidad, en el hemisferio sur, en verano es cuando la tierra está más cerca del sol (perihelio). Sin embargo, en el hemisferio norte, es verano cuando el sol está en el punto más lejano al sol. Cómo puede ser esto?
La tierra gira alrededor del sol. Bien. Aprobado. Tarda apenas un poco más de un año en hacerlo. Seguimos bien. El eje de la tierra no es perpendicular al sol (respecto de su eclíptica), sino ligeramente inclinado. Todos lo sabemos. Y esta es la principal causa de la diferencia en las estaciones, entre los dos hemisferios (Ver dibujo). Si bien parece una elipse, nuestra órbita alrededor del sol en realidad es casi circular. Y esta es la principal fuente de errores. Muchos creen que la elipse es muy marcada, o bien, como me enseñó mi hermano, con mucha excentricidad. Sin embargo, no lo es.

En definitiva, la inclinación del eje de la Tierra es responsable de los cambios de altura del Sol sobre el horizonte y da lugar a las estaciones.
Es por eso que es mucho más relevante el ángulo con el que llegan los rayos solares que la distancia respecto del sol.
Ese ángulo explica la respuesta correcta. Hace calor en verano porque ese hemisferio está cercano al sol, gracias a la inclinación del eje de la tierra, y en consecuencia ese ángulo hace que los rayos solares distribuyan el calor en menor superficie (en verano un haz de energía solar se reparte sobre un área de 1,04m2, mientras que en invierno lo hace sobre un área de 2,24m2. Es decir que durante el verano, 1m2 de superficie terrestre recibe el doble de la energía que recibe durante el verano). Por lo tanto hace más calor.

En resumen, una pregunta que todos creemos saber, tal vez no la sabemos tanto. No hay más que preguntarlo en la próxima reunión para comprobarlo.

miércoles, enero 11, 2006

Motivar en varios planos

La conocida teoría del Prof. Juan Antonio Pérez López, difundida de manera persistente en las principales escuelas de negocios de habla hispana, señala sabiamente la existencia de tres motivaciones principales para enfrentar nuestros trabajos. No es mi intención desarrollar esta probada teoría aunque resulta necesario delinear sus puntos básicos -aunque sea torpemente-, para referirme al tema de fondo.
La primera de ellas es llamada Motivación Extrínseca. Esta se refiere a todos los factores externos que nos estimulan a realizar una tarea. Provienen no de la persona misma sino de su exterior. En este capítulo incluiríamos nuestros sueldos, nuestros premios por resultados, la obra social, el auto y todo aquello que se consideraría en cualquier empresa como beneficio al personal.
La segunda, Motivación Intrínseca, podría representarse como un motor interno que nos lleva a cumplir los resultados. Es la satisfacción por sí misma de la tarea cumplida. O las cosas que aunque sean externas, como nuestra capacitación o formación, nos hacen crecer internamente.
Por último, solemos hacer las cosas por otros. Por los demás. Por el bien de terceras personas, próximas o no. Una Motivación Trascendente también es impulsora de esfuerzos por las tareas, y suele ser altamente satisfactoria.
Pese a la existencia casi permanente y a veces equilibrada de estas tres fuerzas que nos llevan a cumplir nuestras obligaciones, es muy común que en todos los niveles de las organizaciones el foco se ponga en las motivaciones extrínsecas. Las más caras, pero las que menos inteligencia requieren por parte de la Dirección. Asimismo, como decíamos previamente, es la organización a todo nivel la que no discrimina.
Como se desprende sin necesidad de hacer un análisis profundo, la Alta Dirección se encuentra ante una oportunidad. Bajar los costos, o al menos no incrementarlos, trabajando en los tres planos de manera conciente. Por supuesto no es novedad que en todas las empresas se intenta motivar de diversas maneras, adicionales a las extrínsecas, pero suele ser una reacción no estructurada, espasmódica, realizada sin demasiado convencimiento y muchas veces teñida de un aire de superioridad o superación por parte de la dirección hacia el resto de la organización.
Trabajar en concreto, inteligentemente, sobre las tres motivaciones es tarea obligada de la alta dirección. Y no deben excluirse, porque los comprenden las generalidades de la ley…

martes, enero 10, 2006

Hoy Debut!!


Entrar en un mundo nuevo. No a través de un armario o del Hogwarts Express o metamorfoseado en un insecto, pero sí un mundo nuevo. Esa es la ilusión que tengo hoy, al publicar mi primer blog.
Entrar a un mundo de intercambio de ideas inteligente, abierto, respetuoso y global.
Y el primer pensamiento para compartir es simple. La valoración de las cosas simples en los momentos difíciles. Dos caminos que pueden ayudar estan dados por la relatividad. Es decir, que las cosas cobren importancia en relación a otras.
El primer ejercicio es el de comparación. Es el tratar de identificar personas que puedan estar pasando por una situacion parecida a la que uno pueda estar pasando, o, por el contrario en una posición distinta pero agravada. Y ser objetivos en el análisis.
El segundo es, frente a una dificultad, que suele estar dada por una pérdida, hacer un balance realista sobre todas las cosas que tenemos, y mirar más el activo que el pasivo.
Creo injusta y morbosa la comparación con el éxito total. Primero porque éste no existe. Vemos signos que pueden ocultar el enorme trabajo previo o actual, sin mencionar dolencias o costos ocultos. Segundo porque suelen ser comparaciones ilusorias. Éxitos inalcanzables.
Puede argüirse falta de ambición, sin embargo una verdadera y realista lectura suele ser el mejor camino de crecimiento. Con objetivos altos, pero adaptados a nuestra realidad.
Saber que hay muchos pasando lo mismo, y estamos bien comparandonos con ellos, y priorizar lo que tenemos, puede hacernos ver los millones que tenemos en el activo y que las sombras estaban ocultando.