miércoles, enero 26, 2011

Gracias Petty

Papá volvió a enviudar. Tal vez sea su inteligencia la que hizo que nunca en su vida se quejara de nada. Tal vez su hombría de bien. O su valentía.
Y habrá que contar la historia. Porque merece contarse. Porque tal vez a alguien interese. O porque tal vez sirva como homenaje a Petty.

En 1970 mi padre fue destinado a la ciudad de Trelew. Nuestra familia numerosa ocupaba toda una fila de la iglesia el domingo. Como la numerosa familia Gonzalez Bonorino. Imposible no hacerse amigos al coincidir edades y valores. Aún recuerdo el cariño con el que Mamá siempre habló de sus amigos Petty y Truko. Esos dos años nos marcaron por miles de razones. Vivíamos allí cuando Luis Pablo murió en Buenos Aires. Ese vuelo Trelew – Buenos Aires, esa noche, piloteado por Papá, jamás podrá borrarse de mi frágil memoria. Pero también porque fueron de intenso contacto con nuestra querida Patagonia. En algún momento, de algún arcón recuperamos las fotos (diapositivas) que atestiguan los encuentros entre las dos familias. En 1979 murió Mamá. A principios de 1981 murió Truko.
En 1983 Papá y Petty se casaron.
Unieron dos familias. Con esfuerzo, paciencia, cariño e inteligencia. Si bien nos fuimos casando de a poco, esos años, para los que eramos más chicos resultaron simplemente inolvidables. Las edades coincidentes de los hijos de las dos familias resultaron clave. En mi caso, mis años compartidos con Henry, estuvieron colmados de experiencias, viajes, noches, asados, wind surf, buceo, veranos, Puerto Pirámide, Puerto Madryn, carpas, fiestas, grabaciones, garage, ski y nada. Simplemente estar. Años plenos de alegría y amistad.
Petty ya no está, porque se fue imprevistamente. Cuando estuvo, nos cuidó, nos cocinó, nos respetó, nos llevó a su mundo, compartió uno de sus lugares íntimos, El Pedral, estuvo alerta, siempre con respetuoso cuidado para nunca ocupar un lugar que sabía era de su amiga. Y con enorme cariño acompañó a Papá. Despedirla en Trelew, junto a todos mis queridos Gonzalez Bonorino, fue un regalo inolvidable.

Las miles de anécdotas son propiedad de mi familia. El ejemplo de vida de ambos es público.

lunes, noviembre 01, 2010

No somos todos iguales

Difícil abstraerse de la muerte de Néstor Kirchner, ex Presidente de Argentina.
Una vez más siento que no pertenezco a mi país. Es una sensación de desacomodamiento. No pertenezco. Miro y escucho al resto de mis compatriotas reaccionar sobre este hito y no consigo sentirme hermanado a ellos. Los respeto enormemente, pero no puedo sentir lo mismo.
Los hombres no son todos iguales. Es una falacia. Sus vidas son distintas. Sus muertes también. El simple hecho de nacer seres humanos nos dará derechos, pero no nos hace iguales. No es lo mismo un santo, un deportista o un político. Ni un hombre es igual a una mujer.
Hasta el hartazgo escuchamos estos días que la muerte, de quien quiera sea, conmueve. No es cierto. Las mismas personas no se conmoverían por la muerte de Videla, Hitler, Mussolini o Bush. Ni por la muerte de Robledo Puch, un asesino serial de antaño, ni de miembros del Clan Puccio, una banda de secuestradores y asesinos de San Isidro, en la Provincia de Buenos Aires.
La vida que llevaron las personas tiene incidencia en la generación de dolor por su muerte.
Más de cien mil personas despidieron personalmente al ex Presidente, con visible y respetable emoción. Cuarenta y dos millones de personas seguramente tuvieron dispares sentimientos. Dolor, tristeza, apatía, satisfacción, incertidumbre, miedo, esperanza.
Escuchar hablar de Néstor Kirchner como una persona honesta es una burla. Su muerte, por cómo fue su vida, no me provoca dolor. Me duele sí la muerte de Matías Berardi, y la de miles de argentinos como consecuencia de la inseguridad. La de aquellos conscriptos que murieron en Malvinas, o los inocentes que desaparecieron siendo adolescentes, o las víctimas de la subversión, o los chicos desnutridos que murieron este año en el interior. No me duele la muerte de Néstor Kirchner y no me avergüenzo de ello, porque su muerte no fue igual a la muerte de otros. Porque su vida no fue igual a la vida de otros.

Vislumbro sin embargo algo esperanzador. Si los argentinos hubieran reaccionado con indiferencia, tal vez luego sentirían culpa.
Por el contrario, el pueblo argentino ha cumplido su parte. Acompañó con respeto y dolor. Enalteció la figura del ex Presidente y revitalizó el apoyo a su viuda, Cristina. Ahora, habiendo dado lo suyo, espera el cambio. Ya no le debe nada. Si la respuesta desde la autoridad, no va en sintonía con el deseo de la gente, y se emulan las conductas pasadas, definitivamente el kirchnerismo quedó sepultado este fin de semana en el confín del mundo.

lunes, agosto 30, 2010

Poder Temporal

La sensación fue irrepetible. Jamás volví a tenerla.

Estábamos en fila, a punto de entrar. Las puertas del teatro cerradas. Se escuchaba sin embargo un persistente murmullo dentro. Mi lugar era el último. Era lógico, no tendría que haber estado allí. Ahora que pasaron tantos años, me pregunto qué hacía en ese lugar. Recuerdo entonces que había participado en la organización de los Juegos Intercolegiales de La Nación. Y ésta era la fiesta final, con la entrega de las medallas correspondientes. Pero estar último en esa fila, atrás de cinco jugadores de la selección nacional de fútbol, un admirado tenista, rugbiers de Los Pumas y otros deportistas famosos, lo transformaba en surrealista, por más que en aquellos días me considerara, con falta de tino y objetividad, un buen windsurfer o esquiador.
Se abrieron las puertas.
La fila india empezó a moverse, por el pasillo central del teatro. Cuando dí mis primeros pasos ya adentro, la ovación era insoportable. Estaba repleto. Recorrí el largo pasillo con la piel erizada y la mente confusa. Fue imposible resistirme a ser usurpador del reconocimiento. Caminé henchido, erguido y resplandeciente, cerrando la columna. “Tal vez alguno se pregunte quién soy, pero todos pensarán que soy un deportista exitoso.” Los pies casi no tocaban el suelo. Flotaba.
Recuerdo vivamente que cuando me senté en la primera fila, y los aplausos empezaban a apagarse, rodeado de estos monstruos del deporte, a mis 20 años, pensé que momentos así eran para ellos lo cotidiano. Pero no reparé en que pese a que esto pudiera ser cierto, era efímero. Muy efímero.

El manejo del poder en las empresas siempre ha sido motivo de estudio. Y puede apelarse a ellos para indagar en razones, motivos, tipologías y consecuencias.
Hoy, en este blog, solo quisiera dejar una idea: la temporalidad del poder en las empresas o cargos públicos.

Es el puesto el que le abre puertas. Desde la cochera hasta su oficina o la de la sala de directorio. Es el puesto el que hace que lo inviten a comer a buenos restaurants, a congresos, que le da derecho a un auto alemán o a viajar en business. Uno de los peores errores que puede cometer un directivo es olvidarse que su poder de decisión está dado por el cargo que representa y ejerce. Cuando deje de ser Gerente General – o la posición que fuera, que hace que los demás actúen distinto con usted - las puertas no se le abrirán y no necesariamente lo recibirán con una sonrisa permanente desde el guardia hasta todos aquellos que se crucen en su camino hacia su oficina. No le contestarán los mails, no podrá acceder a la red de la empresa desde su casa, no podrá usar más el auto de la empresa, ni pagar una cena con la tarjeta corporativa. Dejarán de invitarlo a eventos y querrá estar recibiendo los miles de mails que lo hacían protestar, en vez de tener su bandeja de entrada cuasi vacía.
Tener pleno conocimiento de esto, puede ser una buena ayuda para manejar el poder con verdadero liderazgo.
Y ahorrar sufrimientos para cuando se recorran los pasillos del mismo teatro y la gente ni siquiera se voltee a mirarlo. O lo que es peor, si lo llegaran a hacer y usted resultara invisible.

viernes, agosto 13, 2010

Mentira


Hay momentos en nuestras vidas en los que nos sentimos paladines de la verdad.

Ciudad de Buenos Aires. Invierno. Departamento exquisito. Me siento a mis anchas aunque nunca dormí allí. Siempre pienso en esos roles tan marcados que hacen que en algunos lugares aunque más aún con algunas personas, casi espontáneamente, asumimos el mismo rol. No significa que actuemos, sí pareciera ser que es el lugar o grupo adecuado para sacar a la luz algún aspecto definido de nuestra personalidad. Al encontrarnos con nuestros amigos de colegio, por ejemplo, es muy probable que volvamos a tener ese rol que teníamos en aquellos años.

Por eso estaba disfrutando de estar en familia, aún cuando no fuera mi casa.

Mi hermana mayor no sólo fue mi familia cuando vivíamos todos juntos, en mi infancia. Ya casada, volvió a hacerme sentir como aquellos días, al recibirme en su casa durante casi dos años inolvidables, cuando había pasado los veinte sobradamente.

Ahora las cosas han cambiado. El departamento es otro. No está Bernardo, y me desgarra reconocerlo, porque parece escondido en cada rincón. Mis otrora sobrinitos están gigantes, maduros, pares, mujeres, hombres, adorados. Mágicamente siento la comodidad de ser parte.

Estamos solos, un mediodía de visita al cemento. Y le pregunto:
- "Pero Mamá, ¿cuando se enfermó?". Sigue organizando la casa impecable. Preparando el mantel. Las fuentes de ensalada verde. No me mira. Intuyo que su cara cambió. Su voz no lo hizo.
- "No mucho después que murió Luis". Sentencia.
Me quedé helado aunque siempre lo haya supuesto. Mi hermano y padrino murió en 1970, cuando tenía quince años y yo casi seis. Y mi madre, nueve años después.
- "No entiendo", insistí torturante. “Todavía me acuerdo claramente del momento en que tomé conciencia de que su enfermedad era mortal. Fue en tu casa, apenas un par de meses antes.”
- "Yo sabía que no sabías", me dijo, esta vez mirándome, ya sin disimulo.
-"¿Pero puede ser que haya sido tan estúpido? Una negación absoluta!".
- "Tal vez", dijo mi querida hermana. "Pero lo cierto es que si no lo supiste antes, fue por una sencilla razón".
- "¿Cuál?", pregunté sin estar seguro de querer escuchar la respuesta.
- "Que la mayor preocupación de Mamá, durante todos esos años, fue que esto no arruinara tu infancia."

Y así. A mis cuarenta y cinco años, supe cuánto me habían mentido. Supe por fin valorar el esfuerzo por enmascarar el dolor. Y recordé las fotos alegres de mi infancia soñada.

Y entendí, finalmente, que el mayor gesto de amor que había recibido en mi vida fue de mi madre, al protegerme.

Y agradecí la mentira.

viernes, mayo 21, 2010

Carta Abierta a mis alumnos en el Bicentenario

Hay muchas razones por las cuales existen los países.
Independientemente de ellas, en todos hubo personas, de carne, hueso y alma, que entregaron hasta su vida para que aquellos existieran.
Estos años son para América Latina años de conmemoración. En Argentina, en estos días de mayo, encontramos la excusa perfecta para reflexionar sobre las razones que le dan sentido a nuestro sentido país.
Quisiera entonces simplemente enviarles un mensaje de unión.
Cuando en alguna revista jugamos al juego de las semejanzas nos concentramos en las diferencias. Y las encontramos. Así vivimos muchas veces en Argentina, y en muchos países de la Región.
Estos días, juguemos al mismo juego, pero valorando las similitudes en el dibujo, y aceptando las diferencias que identifiquemos, como rasgos individuales que refuerzan los trazos comunes.
Intentemos valorar - en honor a todos aquellos que soñaron, con visión de largo plazo, un país distinto – las cosas que nos unen. Intentemos no permitir que nuestras ideologías defenestren a los de ideologías distintas.
Intentemos imaginarnos que aquellos que tienen otras ideas al menos tienen las mismas buenas intenciones que podamos tener nosotros.
La bandera Argentina es celeste y blanca. Llevemos con orgullo esos colores en el pecho, el balcón o el auto. Dejemos de lado la apatía, el enojo y la resignación.
El festejo no puede ser empañado por tu gobierno de turno, ya sea local, provincial o nacional. Porque a nosotros, los iguales del dibujo, nadie nos puede quitar el deseo y las ganas de construir un país armonioso, justo, pacífico y razonable.
Por hoy. Solo por hoy. Pensemos con optimismo en celeste y blanco.
Feliz día de la Patria, queridos alumnos.

martes, enero 26, 2010

A Cada Uno

Tus ojos inocentes vieron kilómetros de ruta desierta. Vieron personas que no conociste y que yo siquiera veré.

Tus ojos vieron montañas nevadas. Ríos. Cascadas. Tus ojos infantiles vieron monturas, recados y cogotes de caballos empapados. Vieron cascos y herraduras en los ríos, matas y rincones de la pre cordillera.

Vieron truchas que aún presas del pánico no se paralizaban. Vieron el horizonte árido e infinito. Vieron el reflejo de la luna en los arroyos, iluminando el camino a seguir volviendo a casa. Vieron el fuego en que se cocinaba al aire libre el cordero. La hacienda confundida rumbo a la veranada.

Vieron cuchillos afilados, manos curtidas y rostros amigables. Lagunas transparentes y heladas.
Tus ojos vieron a tus hermanos felices con lo mismo que tus ojos veían. Vieron a tu madre feliz por el regreso a sus recuerdos de infancia. Vieron el valor de la amistad.

Tus ojos no vieron mis ojos que veían a todos ustedes partir. No vieron mis ojos empañados mientras los veía alejarse.

Tus ojos no percibieron mi miedo a perderlos. Son ciegos a esta ridícula irrupción que por años, hasta que ustedes llegaron, desconocí.

No vieron estos días de reencuentro con la lectura, disfrute del silencio y esfuerzo en el trabajo. No alcanzan a ver mi ansiedad frente a la cercanía de nuestras vacaciones juntos, ni mis recorridas por los cuartos vacíos cuando llega la noche.

No vieron mis desayunos en el jardín, ni mis zambullidas al atardecer, ni los parlantes vibrar. No vieron el encanto de dormirme en cualquier cama de la casa, ni la libertad por la falta de rutinas. Se perdieron la increíble tira entera en la parrilla cálida de Bella Vista, las pechugas en Plaza San Martín y las gambas en Iñaki.

No pudieron ver la enorme felicidad que me da escuchar sus voces en la lejanía, la de todos ustedes, rebosantes de euforia, diversión, curiosidad y aventura.

Pero sobretodo no pueden ver cuánto los extraño, y cómo esa agradable emancipación en la soledad de estos días se empaña con su ausencia.

Pronto tus ojos verán los míos, y los míos los tuyos. Y seguramente con lágrimas en los ojos, te abrazaré despacio. Y en silencio sentirás cuánto te quiero.


domingo, enero 17, 2010

Haití, tu nueva vida.

Haití fue arrasado. Arrasado por un terremoto implacable.

El país más pobre de América una vez más se enfrenta a gigantescas dificultades para darle a sus habitantes una vida razonable.
La calidad de vida en Haití siempre ha sido baja. Su productividad nula, sus niveles de analfabetismo altísimos, su pobreza extrema. Lo mismo ocurre con el acceso a la tecnología. Su gente, que vivía resignada a la esperanza de vida más baja del continente, tenía poco que perder. Ese poco lo han perdido.

Tal vez doscientas mil personas murieron. Millones quedaron sin casas.

Por eso, una vez más en contra de la desesperanza generalizada, pienso que Haití está ante una posibilidad histórica. Un nuevo horizonte de esperanza que no verán hasta tanto se apaguen los gritos.

Ha pedido ayuda. Y esta ayuda, si evita la moda de lo inmediato, si evita la miopía de lo exclusivamente económico, puede cambiar para siempre el destino de Haití, que parecía para siempre sentenciado. Haití nunca hubiera salido adelante a pequeños pasos.
Ahora, desde la nada, desde la muerte, la desesperanza, el horror, el hambre y la miseria, una luz ilumina desde la lejanía.

Empezar de nuevo. Con millones de ojos posados en el oeste de la isla. Con una corriente de sentimiento compasivo por parte del resto del mundo. Con la posibilidad de cambiar radicalmente el futuro.

Pero para ello deberán aprovechar el apoyo, que tendrán mientras se mantenga la noticia, y tal vez más. De los haitianos depende. Deberán aprovechar para reinventar las instituciones. La educación, la libertad, la propiedad privada. Deberán soñar un país grande, y dejar de lado la resignación. Deberán hacer un culto del esfuerzo, del respeto a la ley y al orden. Deberán insistir en acceder a la más alta tecnología y nivelarse en meses con los países más avanzados en esta materia.

Si por el contrario se resignan solo a pedir, pedir y pedir, el próximo terremoto, tsunami o guerra en algún lejano país, se llevará los fondos a otros destinos, y Haití seguirá el mismo camino que se vislumbraba antes del terremoto, pero con las heridas abiertas del mismo.

Mientras la violencia se adueña de las calles. Mientras los chicos continúan con vendajes sucios, heridos, famélicos y sedientos. Mientras se intenta curar a los heridos, incinerar a los muertos y reunir a las familias destrozadas.
Mientras se intenta encausar las cuestiones de primera necesidad.
Mientras, es imperioso pensar también en cómo aprovechar la ayuda para reconstruir un verdaderamente nuevo país en el futuro – aunque no sea cercano -, ya que hasta los cimientos han desaparecido, lo cual para la permanente herida Haití, puede resultar una bendición irreversible.

domingo, diciembre 27, 2009

Clásicos para leer en vacaciones

Estaba en la amplia galería de nuestra casa de Punta Indio, un lugar pegado a Verónica, simpático pueblo cercano a la ciudad de La Plata. Toda mi familia estaba presente en esas vísperas de Navidad, aquel diciembre de 1972.
Siempre padecí de amnesia. Tal vez selectiva. Tanto que he llegado a preguntarme muchas veces si no habrá habido algún disparador de esa amnesia protectora que me impide recordar muchísimas de las vivencias de mi infancia, que solo se construye en las múltiples diapositivas y algunas filmaciones en Super 8. Imagino que las prontas partidas de Mamá y mi hermano y padrino Luis. La digitalización de aquellas para el cumpleaños número ochenta de Papá me permitió ver, no sin un altísimo impacto en la extensión de mi amor por mi familia, que en todas ellas estoy cuidado. Cuidado por mis hermanos mayores, por Mamá, por Papá. Ser el más chico, en los primeros años tal vez obligue a ser un poco el payaso, y el intento sostenido por ser simpático. Pero la contrapartida es el inconmensurable cariño y atención que se reciben, y que impactan para siempre en la autoestima.
Mi amnesia es resquebrajada por recuerdos aislados. Que obviamente uno desconoce si evoca por haberlos vivido o por su recreación en las imágenes de las fotos. De los acontecimientos globales hay dos que rememoro vivamente. Están separados varios años entre sí. El primero, cuando en 1969 el hombre llegó a la luna. No tanto el momento ni las imágenes en blanco y negro de la televisión. Solo la vuelta desde La Cumbre, preguntando a Papá si se veían a simple vista, en la ruta, mirando la luna, que mi imaginación recrea llena, y bajando del auto a las apuradas en casa de mi abuela, en Martínez. Tenía cuatro años.
El segundo, en aquella Navidad, cuando la radio anunciaba que dos sobrevivientes del accidente en los Andes, setenta y dos días antes, los habían cruzado y catorce más esperaban ser rescatados.
Siempre, por ser uno de los primeros recuerdos de lo que pasaba en el mundo más allá de mi familia, tal vez por mi gran cariño y respeto por Uruguay y su gente, o simplemente por compadecer, e intentar comprender sin lástima, lo que esos chicos tuvieron que vivir, la historia de los sobrevivientes me resultó de enseñanzas gigantescas.
“La Sociedad de la Nieve” de Pablo Vierci, tiene mucho más valor que “Viven!”, aunque éste haya sido mi primer libro “gordo”, antes de ser adolescente. Porque aquel no solo cuenta con la participación de todos y cada uno de ellos, todos con miradas comunes, todos con miradas distintas, sino que muestra lo que para mí ha sido más valioso: las enseñanzas, muy por encima de la historia, aunque ésta por su dramatismo, crudeza, determinación, hombría, humildad y entrega resulte por naturaleza atractiva.
Es entonces éste un buen libro para leer este verano. Como cuenta con dieciséis capítulos contados en primera persona, resulta gratificante y revelador ver la dificultad para encontrar las palabras, tiempos y verbos apropiados, en muchos de ellos. Éste sutil detalle permite valorar mucho más el impacto que para siempre tuvo en sus vidas.
Leer es un placer que, en mi caso, la obligación transformó en esfuerzo. Esto fue a partir de mi MBA. Si bien no hay otro, un punto desfavorable de haber cursado durante dos años mi maestría fue que perdí mi afición previa por la lectura. El volumen de lectura de esos años fue tal que luego me costó mucho retomar el hábito. Nunca lo he hecho plenamente. Y lo extraño. Pero el verano es siempre una excelente excusa para leer.
Muchas personas lectoras del blog me han enviado, con los saludos de fin de año, pedidos de recomendación para lecturas de verano. Algo imposible de hacer sin conocer los gustos de la otra persona.
Por eso, simplemente quiero mencionar algunos imperdibles libros clásicos extraordinarios y simples, por qué creo que lo son, y si considera que pueden ser de su estilo de preferencia, tomarlos como recomendación.
Aunque usted haya leído todos, vale la pena releerlos, ya que estas joyas, en distintas épocas de nuestras vidas, cobran distinta dimensión.
Todos ellos como libros adicionales a los de actualidad local que seguramente le habrán regalado en Navidad.


La “Antología de la Literatura Fantástica”, recopilación realizada por Borges, Bioy y Ocampo tiene, aparte de ser un inagotable impulsor de la imaginación, la posibilidad de ser leído por partes. Autores clásicos y no clásicos. Autores orientales y occidentales desconocidos. Cuentos breves, brevísimos, y no tanto.
Robert L. Stevenson, uno de mis autores de preferencia, podría acompañarnos desde la relectura de sus clásicos: “Treasure Island” o “Strange case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde”. Sin embargo, puede disfrutarse más su no tan conocida bitácora de un simpático viaje por Francia: “Travel with a Donkey”. Con un prólogo imperdible y postales inolvidables.
Releer a Oscar Wilde puede ser revelador. Más si las primeras veces que lo leyó fueron obligadas, tal vez en Literature, en el colegio. Imposible no empezar por “El Príncipe Feliz y otros cuentos”, para terminar en “El Retrato de Dorian Grey”. Lo más fascinante de éste ya lo he mencionado en el blog. Soy un firme defensor de las primeras impresiones. Aunque en procesos de selección de personal esto puede ser el peor error, siempre hay que prestarle atención a la primera impresión. Al menos como dato que requiere posterior confirmación. Wilde describe fascinantemente en esta historia cómo nuestras acciones van tallando nuestros rostros.
George Orwell puede ser leído durante el verano tanto a través de “1984” como de “Rebelión en la Granja”. A mi modo de ver, Franz Kafka, entre los lagos, las sierras o la arena de la playa, es mejor leerlo en “La Metamorfosis” que en “El Proceso”. Dejaría “Cuentos Completos” de Poe solo para leer de noche.
“El Ladrón Honrado” de Dostoievsky ocupa mucho menos espacio en su bolso que “Los Hermanos Karamasov”, que podrá leer durante el invierno, para estar más en sintonía con la historia.
No recomiendo obras de Charles Dickens porque creo que la mayoría de ellas deberían leerse durante diciembre.
Obviamente siempre que uno pueda, debería leer en el idioma original. Y para hacerlo en castellano, muchos autores de Latinoamérica podrían acompañarnos bajo el sol. “La Tía Julia y el Escribidor” o “Pantaleón y las Visitadoras” de Vargas Llosa pueden ser más amenos que “Cien Años de Soledad”, aunque recuerdo haber conocido a los Buendía en un verano. Ya tendrá tiempo para Gabo y su compleja y atrapante manera de mostrar el carácter circular de la historia.
Tal vez por pudor, me costaría mucho llevar a la playa “El Aleph” o “Ficciones” de Borges. Pero sí releería “Diario de la Guerra del Cerdo”, de su entrañable amigo Bioy Casares.
SI está preocupado por el poco tiempo que le dedican sus hijos a la lectura, no dude en impulsarlos a leer, según sean sus edades: Tom Sawyer, Cinco Semanas en Globo, El Viejo y el Mar, Mi Planta de Naranja Lima, El Candor del Padre Brown, El País de Octubre, El Principito, Farenheit 451, La Naranja Mecánica, la colección de Harry Potter, o la de las Crónicas de Narnia. No he leído la saga de Crepúsculo. Puede impulsarlos a leer historietas como Las Aventuras de Tintín, Asterix, Lucky Luke o de Gaturro, Caloi o Loitt.



Leer es fascinante. Nos transporta a otras dimensiones. Nos produce un autismo similar al de escuchar música con audífonos, jugar con videojuegos o estar frente a la computadora. Pero es una conducta antisocial consentida. Ojalá permanezca siempre así.
Porque la lectura, como escuchar música, jugar como niños o escribir en la computadora, tal vez un blog, pueden ser extraordinarios generadores de todas aquellas cosas que nos diferencian de los animales y nos hacen ser seres humanos.

lunes, noviembre 30, 2009

Las Sombras de lo que Podría Ser

El estreno de una nueva versión cinematográfica de “A Christmas Carol”, el genial clásico de Charles Dickens, me obligó a releerlo previamente.


¿Cómo ser anciano sin ser viejo? ¿Cómo ser sabio sin ser sabio?


Siempre me ha entusiasmado la posibilidad de aprender sin tener que hacerlo. No por evitar aquel maravilloso placer, sino evitando que la necesidad haya sido la guía. Sin que los hechos obliguen a hacerlo.

No hace falta que un hijo, conyuge, padre, madre, amigo o quienquiera que sea que queramos con toda el alma, se enferme o se vaya para decirle lo que significa para nosotros. No hace falta que perdamos lo que tenemos para valorarlo. No hace falta quedarnos sin techo para valorar nuestra cama abrigada. No hace falta que nos enfermemos para valorar estar sanos. No hace falta ser viejo para tener la sabiduría de un anciano.

En el cuento de Dickens, al avaro Mr. Scrooge se le da la posibilidad de cambiar. Recibe la visita de distintos fantasmas que haciéndole recorrer el pasado, el presente, y el futuro, le permiten cambiar. Le permiten valorar la vida que por años había pasado a su costado. Le permiten de alguna manera disimular las marcas de vida angustiosa en su rostro.

No tendremos esa posibilidad. Nadie va a llevarnos a nuestro pasado para mostrarnos nuestra inocencia, nuestros sueños. Nuestra abrigada infancia. Nadie va a mostrarnos el cariño y cuidado que recibimos. Ni cómo éramos antes de tener nuestra actual dureza. Nadie. No nos mostrarán imágenes, personas ni momentos, como hace el fantasma que traslada a Mr. Scrooge a su pasado y ante lo que ven sus ojos le dice: “Son sombras de cosas que fueron.” Nadie va a mostrarnos lo que no vemos del presente. Nadie va a mostrarnos lo que no vemos, ni lo que no queremos ver. Y peor aún. Nadie va a mostrarnos nuestro futuro. Nuestros errores, aciertos, frutos, creaciones, ni las reacciones de las personas al enterarse de nuestra muerte. Nadie va a mostrarnos la lista de los sueños incumplidos. Mr. Scrooge, tiene la ventaja de verlo. Le fue mostrado. No es inocente que Dickens eligiera la Navidad para este renacer de Mr. Scrooge, quien se pregunta: “¿Son éstas sombras de las cosas qué serán o bien de lo que podrían haber sido?”.
Lo segundo, es la respuesta.

Porque el futuro es futuro. Podemos imaginarnos lo que podría ser. Y más aún. Moldearlo.

Todos los estudios sobre el cambio indican que la mayoría de los intentos por cambiar fracasan. Solo cambiamos cuando algo drástico sucede.

No hace falta tener un infarto para cuidarnos. No debería hacer falta. No hace falta que alguien esté por morir para demostrarle amor. O simplemente decírselo. Si es sabio tomarse las cosas con sabiduría, ¿por qué ser viejo para hacerlo? Cuánto mejor arrepentirse por lo hecho y no por lo dejado de hacer.

Recibimos señales de manera persistente. Cada tanto la vida nos sacude. Nos desgarra. Nos fulmina. En esos momentos nos juramos valorar las cosas relevantes. La familia, la salud, los afectos. Nos juramos cambiar. Nos juramos dejar de correr por las cosas sin sentido. Juramos limpiar nuestras lentes, nuestras gafas que todo lo tiñen. Pero al tiempo vuelven a empañarse.

La verdadera inteligencia debería ser aquella que nos permitiese ser ancianos sin ser viejos.

sábado, octubre 10, 2009

Resabios y Legados de la Dictadura

“Por eso los franceses pronuncian así la r”, me dijo Olivia , orgullosa de su descubrimiento, cuando le expliqué cómo pronunciar Renoir. Desayuno temprano, previo a salir rumbo al colegio. Y agrega: “¿Me pasás por favor el diario, Papá?”. Extraño, pensé. Sabrá que hoy es jueves y se incluye un suplemento de modas, ¿pero tan chiquita? encasillé. “Esa, Papá, la parte de quejas.”

Nada les es ajeno. Tampoco la costumbre de sus padres de murmurar y protestar indignados frente a las noticias. En un asado de fin de semana, en que fui presentado a un muy adinerado empresario francés, éste me comentaba consternado cómo el actual Embajador de Francia en la República Argentina le había dicho, en la misma Embajada, que estaba loco si quería invertir en éste país:




- “Mi objetivo es trabajar con los intercambios culturales, pero ¿negocios? ¿Acá? No.”, relató, el año pasado.

La esquizofrenia es generalizada. Pocos dicen públicamente lo que piensan. Y muchos sienten, como yo, una enorme impotencia. Bronca e indignación. La lista de las pruebas contundentes de la gigantesca corrupción del peronismo, partido enquistado en el poder, es ya tan grande y aburrida que nadie necesita recordarla.

Cada semana podemos agregar ítems de gravedad. El solo hecho que absolutamente todo el país sepa que se compraron con recursos del estado voluntades para el tratamiento de una ley vengativa; o el alquiler de ocho (8, áte, zortzi, acht, átta, octo, huit, vuit, opt, ut, vósem, eight, oito, otto) aviones adicionales a la flota Presidencial, y los documentados vuelos de más de veinte mil dólares para llevarles diarios a “los Presidentes”, o bolsas con contenidos inciertos, pero con custodios; la ida a buscar de su hija en el Tango 10, a Río Gallegos para trasladarla sola a Buenos Aires; o la ligazón entre un lujosísimo yate y el avión privado que la justicia investiga porqué eran utilizados por su en realidad dueño Ricardo Jaime, hombre de extrema confianza de Néstor Kirchner; o la fastuosa casa que se está construyendo uno de sus secretarios en El Calafate; o el impedimento de avanzar hacia un juicio político – no hacia una condena, sino hacia un juicio – a un juez con gravísimas denuncias que nadie debería dudar en investigar, por parte de una corrompida integrante del Consejo de la Magistratura, son sólo hechos ocurridos ésta semana.

Para qué mencionar la confesión por parte del Secretario de Comercio Interior de la repetida estrategia de hacerle daño a una empresa – como ocurrió con Transener, plantas del Grupo Bemberg, YPF y Aerolíneas Argentinas – para poder quedársela el Estado o socios del poder.

El poder peronista. El peronista Néstor Kirchner bendecido por otro peronista, Eduardo Duhalde. El peronismo gobernó el país durante muchísimos años, desde mediados del siglo pasado. Fracasó, si es que era cierto que buscaban mayor bienestar de los sectores pobres.

La mafia que gobierna Argentina está resuelta a empujar las cosas hasta el límite. No importa en definitiva si se llega a ese límite, porque pasado, se transformarán en víctimas. Néstor Kirchner va por todo. No hay riesgo. No hay límite. Porque ese límite también es una solución deseada.

Mientras tanto, oposición, habitantes, trabajadores, profesionales, empresarios, en fin, la comunidad toda, miramos los acontecimientos desde la platea. Algunos sentados en las salas VIP, otros con “pochoclo”, otros sin nada. Y muchos ni siquiera ingresan al cine. Pero nadie se considera protagonista, sino espectador.

Pero a la indignación que genera la corrupción actual, se suma la de la permisividad ante violaciones clarísimas de las leyes y los derechos de las personas. Cortar una ruta es uno, pero suficiente ejemplo. Desde el famoso corte del Puente Internacional de Gualeguaychú, violando las leyes en protesta de la supuesta violación de leyes por parte de Uruguay, a los cortes de la Autopista Panamericana, a la toma del Colegio Nacional Buenos Aires, parecieran ser resabios de la dictadura militar. Porque el aberrante manejo del poder y los silenciamientos en aquellos años de verdadera convulsión civil han transformado cualquier intento de hacer cumplir la norma, en represión.


La dictadura de los 70's fue terrible, como todas lo son. Como le espera a Venezuela. Para peor, encumbrados líderes de aquellos años, como por ejemplo Emilio Eduardo Massera, ensuciaron gravemente sus uniformes con la sangre de personas que se oponían a sus ambiciones personales. No ya con la de los soldados del ERP o Montoneros, que por resolución presidencial les habían ordenado aniquilar, lo que lograron brutalmente.

Acarreamos todavía, por aquella razón, la hipocresía de permitir la violación de derechos básicos, como poder transitar por las calles pagadas con nuestros impuestos. Porque liberarlas de quienes las usurpan, con independencia del derecho a peticionar o el grado de justicia de sus reclamos, sería autoritario.

Sin embargo, un legado positivo nos ha dejado la dictadura. Esto es el convencimiento de la inquebrantable voluntad por mantener el sistema democrático, factor necesario pero no suficiente, para que las naciones mantengan un crecimiento sostenido en pos de mejoras para su gente.


Multi millonario Señor Kirchner, lo lamento. Los argentinos no le daremos el gusto de victimizarlo.

Es cierto, sin embargo, que la historia nunca debe ser interpretada por los que la sobreviven. Las nuevas generaciones, las que descubren la r francesa, pensarán, simplemente, que quieren vivir en un país mejor. Respetando y siendo respetados. Y eligiendo, hasta que el equívoco deje de serlo.

sábado, agosto 29, 2009

Alf

Tal vez nunca esté listo. Tal vez nunca sea el momento.




Pero ahora, en pleno invierno, frío, en un anochecer despejado, frente al mar, con el fuego de la chimenea que entibia mi espalda, en este preciso lugar, por primera vez, me atrevo a intentarlo.

Es imposible no pensar. Y el pensar muchas veces se manifiesta en los rostros. En este caso, es imposible evitar la sonrisa confusa. La sonrisa trunca. Es imposible acordarme de él sin sonreír, pero su muerte ridículamente inoportuna, jamás permitirá que aquella sea plena.

Tengo escasos amigos. Siempre ha sido así. Ha sido mi elección, tal vez involuntaria. Tal vez por incapacidad.

La muerte, que temprano conocí sin conocer, fría, depredadora, me enfrenta a mi necesidad de escape. Cómo no escaparse? Alejarse? Vuelo al entierro populoso, plagado. Qué hace toda esta gente acá? Por qué tanta gente? Porqué tantos luchan por la primera fila? Que sana es la diferencia. Quiero estar lejos, invisible, reservado, en silencio. Quiero ser invisible. Invisible. Invisible. Quiero llorar en el hombro de Benny. Quiero decirte que sos un estúpido. Un ridículo que se cree omnipotente en escaparse temprano. Dejando a los chicos y a tu gran mujer. Y al estúpido de tu amigo que te adora. Y que no tiene a otro. Quién te crees que sos? Quiénes son esos estúpidos que se acercan a tu cajón? Quién se atreve a sentirse más amigo que yo? Quiénes son esos imbéciles que mandan mails recordándote? Si yo ni siquiera puedo nombrarte? Si me dejaste desnudo, abandonado y acallado? Quién dijo que tengo que entender que a todos les duele? No pienso entenderlo. No me importa. No me interesa. Qué me importa saber que otros eran mucho más amigos que yo? A mí solo me importa quien fuiste para mí. Para mi mujer. Para mis hijos. A quienes enseñaste a andar en sulky. Quienes te adoraban por tu humor permanente. Quienes te disfrutaban en la playa, la nieve, el jacuzzi en la montaña, el campo, los caballos o la carpa. Quienes adoran a sus amigos, tus hijos.

Al final, tu alegría contagiosa y tu falta de indignación me hicieron sentir más miserable. Varias veces escribí sobre como la muerte engrandece y bautiza a las personas. Por la manera en que viviste, tu grandeza empequeñeció a la muerte.

El odio se dispersa. El dolor es de todos. El dolor indescriptible de todos los que estaban allí. El de todos los que te querían bien. Quién podría no haberte querido bien? Pasa el momento. Y me abrazo a todos y cada uno de ellos. El primer amigo que se va hace que nos enfrentemos a lo desconocido. A la ausencia no sin tiñe de vulnerabilidad.

Aunque te hayas ido hace más de un año y medio. Tal vez nunca esté listo. Tal vez nunca sea el momento.

Y te recuerdo. Y recuerdo nuestras vidas en sintonía. Y recuerdo nuestros fines de semana, los caballos, el gancia, el polo, que nos refugiaba de nuestro escaso éxito con las chicas. Y nuestras solterías. Y cuando juntos fuimos a Pinamar aquel inolvidable fin de semana que me cambió la vida. Y la amistad de dos que se transformó en cuatro. Y los copetines, y los asados y los tiempos perdidos. Tan vulgares y comunes. Y los miles y miles de recuerdos que son secretos solo por ser parte de nuestro tiempo compartido. Y los hijos de la misma edad. Te extraño flaco. Pude decírtelo, aunque tal vez no sabía cuánto, pero cómo te quiero.

Y con la misma chimenea prendida, hace algunos inviernos, en este mismo lugar, frente al mar, jugando a Dígalo con Mímica, lloramos y lloramos de risa, - y seguimos haciéndolo quienes estábamos allí con esa genial complicidad de la amistad que nos hace impermeables a la ridiculez - , cuando pese a tu esfuerzo y tus caras, que inevitablemente se aparecen en mis retinas, no adivinamos tu ridícula actuación, y me retaste indignado: “¡Alf, boludo, Alf!”.

sábado, agosto 01, 2009

Nuestros Pequeños Mundos

Volvieron. Son de aquí.

Las escucho. Parecieran revivir cuando las estrellas empiezan a aparecer. La luz y el invierno las acallaron. Creí no volverían.

Una fuente cuadrada, apenas profunda, mediana, con plantas, parece ya ser su morada definitiva. En un principio, este verano, cuando se hicieron notar después de años de silencio, las descubrimos. Los ruidos, eso eran, siempre nos incomodan cuando aún no los reconocemos. Cuando son desconocidos. El paso del tren en una nueva casa frente a las vías, el mar en las noches de vacaciones, los colectivos que se meten en el cuarto del reluciente departamento alquilado – ¿como no me dí cuenta? – el silencio en el campo.
Los ruidos nuevos, extraños.

El tren ya no se escucha, el mar se disfruta entre sueños, los colectivos que solo reconocen invitados, el silencio del campo que pareciera ser la única opción para conciliar el sueño. Los sonidos extraños ya son nuestros. Son nuestro entorno. Y con el tiempo, solo son extraños para los extraños.

Volvieron, y las escucho. Croar, cantar. Ya son música que despide al invierno.

Bienvenidas a nuestra casa.

miércoles, julio 01, 2009

Civilidad

Camino al segundo tiro en el hoyo 10. Domingo de invierno, sol tibio, temprano. Las dos pelotas están en el fairway. Camino hacia la mía orgulloso de mi caddie, Eugenio, mientras retomo la charla con mi amigo y compañero de salida.

Cómo es posible que sea tan increíblemente burdo el nivel de corrupción en nuestro país, Argentina, que el matrimonio presidencial, burlándose, reconoce un incremento del 158% en su patrimonio en blanco en el último año – de colosal crisis local y global – llegando a la suma de U$12 millones, nos preguntamos. Pero sorprendidos solo en lo relacionado a nuestra resignación como sociedad.

Pero mientras este brillante abogado se prepara para el golpe, hace un swing de práctica y sin salir de su stance, mira a Eugenio y le dice: “Sin embargo, estamos dejando un país mejor para ustedes, nuestros hijos. Ya aprendimos que los gobiernos deben terminar sus mandatos y nunca más debemos tener golpes militares. Y tendremos que aprender ahora a votar mejor. Pero ese avance que parece menor, es la diferencia. Una Argentina más civilizada para ustedes.”

La democracia es el único camino posible para un país que se quiera alejar de la barbarie. En este caso, tanto electores como elegidos deben hacerse cargo de la brutal e inescrupulosa gestión de los últimos años, incluido el ahora desentendido Padrino Eduardo Duhalde.

Veremos, vaticino, estrategias y movimientos de los actuales guías de nuestro país para mutar a la vereda de las víctimas. La sociedad argentina no debe permitir otra salida que el bastón que el deshonesto Néstor Kirchner revoleó burlonamente en su asunción, pase de las manos de su mujer Cristina - que sí denotan su edad – a un nuevo Presidente elegido al final del mandato. Y si volvemos a equivocarnos, aún teniendo una nueva generación perdida, habremos dado un paso más hacia un país que algún día será nuevamente motivo de orgullo.

martes, junio 02, 2009

Vidas Circulares

Nunca sé si debo, quiero o puedo interpretar a los autores clásicos. La respuesta correcta probablemente sea que no puedo. Esa es la sensación que tengo de manera persistente frente a los prefacios, prólogos o críticas de obras de arte, ya sean literarias, pictóricas o musicales, escritos por terceros. Es una sensación ambigua. Ambigua por lo placentera y frustrante. Ya hemos discutido en este Blog acerca de la intencionalidad de segundas lecturas por parte de los autores. Independientemente de ello, es decir, lo hayan querido, buscado o no los autores, muchas obras de arte tienen esas lecturas que, a veces de manera más genial aún que la de sus creadores, algunas personas saben descubrir.

Por el contrario, muchas veces al releer alguno de mis textos - único arte que a veces pareciera poder descubrir, no dominar - y aún cuando mi abierta intención era mostrar una segunda lectura, la misma parecía difícil de descubrir. Como esas pistas tan ocultas que dejan de serlo por inútiles.

No sé aún si fue su intención, pero Gabriel García Márquez en su extraña, popular y premiada novela Cien Años de Soledad, que leí a temprana edad, me mostró la circularidad del mundo. No me refiero a haber sido previamente ignorante del descubrimiento de Don Cristóbal – que dicho sea de paso gritó al mundo su esfericidad cuando solo en realidad había probado descubrir un nuevo continente, pero en modo alguno ello representaba que aquel no fuera plano – sino a que nuestras historias de vida de alguna manera son circulares. Algo así como la creencia popular de “todo vuelve”.

Con ese sentido, filmé este - ridículo para algunos, modesto sin duda - modo de mostrar los vaivenes de nuestra vida.





No, no enloquecí. Y pensando que tal vez muchos de mis lectores son ignorantes como yo en las segundas – o a veces primeras – lecturas, la explicaré brevemente.

Solemos dar pasos nuevos. A veces firmes. Otros dejan menos huella, pero seguimos. Nos detenemos. Seguimos. Luego miramos. Probamos. Testeamos. Y de alguna manera volvemos sobre nuestros pasos, que nunca son los mismos. Y luego de ellos, seguimos nuevos caminos. Nuevos pasos. Y volvemos. Hasta llegar al mismo lugar, pero sabiendo que hemos andado caminos, que hay huellas, que no intentamos disimular, que forman parte de nuestra vida, pero que nos siguen guiando hasta llegar a ese punto en que sabemos, lo básico, lo esencial, es lo que permanece inmutable. El mar de fondo, casi imperceptible, la "Arena", la hora y las sombras, no son inocentes.

Sé sin embargo que algunos de mis lectores le darán otra interpretación. Sería extraordinario contar entre ellos con esa genialidad que permite vislumbrar lo que no vislumbro. Develar.


No son pasos en la arena. O tal vez sí. De cualquier manera, creo que las personas sabemos, conocemos, valoramos, nuestras vueltas a lo importante. A lo esencial.

jueves, mayo 07, 2009

Los Imperfectos

La búsqueda de la perfección ha significado un fenomenal aporte a la evolución. Al arte. A la arquitectura. A la ciencia. A la medicina. Y en definitiva a toda la humanidad. La búsqueda de la perfección ha permanecido en los genes de nuestra especie desde su inicio.

La búsqueda de la perfección es una característica que trasciende nuestros días.

Sin embargo hoy muchas veces la confundimos con la búsqueda de la imagen de la perfección. En definitiva, una sola búsqueda. La de la imagen.

Hay una gigantesca, pero a veces imperceptible diferencia, como una grieta oculta en los mares de hielo antárticos, entre la búsqueda de la perfección y la búsqueda de la imagen de la perfección. La búsqueda de la perfección es evolución. La otra, lo contrario.

No haré en estas líneas vagas, inútiles y superfluas, una interpretación profunda de las necesidades humanas relacionadas con las ventajas de mostrar una imagen de perfección. Un blog es necesariamente poco profundo, y me amparo en esa ventaja que permite el análisis superficial.

Me quiero referir a la imagen de la perfección y, posteriormente, al impacto en terceros.

Vivir en función de la imagen de la perfección es, por lo general, ignorado. Ignorado por sus protagonistas. Quienes resultan esclavos de estar viviendo por mostrar una imagen de perfección son verdaderos ignorantes de ello. El sentimiento que los invade, sin embargo y con convencimiento, es que son buscadores de la perfección. Es tal esa certidumbre que hacen alarde de ello. Esa gala es la que impacta en terceros. Volveré sobre este punto.

Los buscadores de imagen por lo general no muestran fisuras. Porque sobre la imagen se cimientan todas sus estructuras. La imagen lo es todo. Las fracturas en esa imagen pefecta atentan contra toda la construcción. Por eso, la ostentación de los buscadores de imagen se traduce en detalles mínimos. Imagen de éxito global. No laboral, familiar, profesional, económico, deportivo, artístico. Todos y cada uno. Se elige alguno sin embargo, para hacer ver que hay una grieta, controlada, que en el fondo, permite hacerles más ecuménicas las otras áreas. Un defecto, que nunca es relevante, para marcar la diferencia frente a los otros logros.

Vivir de la imagen es angustiante y estresante. Sin embargo, muchas personas no conocen otro estado. Todo controlado. Todo perfecto. Sin fisuras. Hay otros malignos envidiosos que buscan los defectos. Esa es la principal creencia que acompaña a los buscadores de imagen, que una conocida psicóloga bautiza, no sin gracia: neuróticos estéticos: la envidia de los otros. Los otros que no alcanzan esa perfección y disfrutan de las pequeñas “caídas”.

Sin embargo, hay una razón valedera en los otros. La razón no es la envidia. Las personas sabemos que somos imperfectas y es un insulto que intenten hacernos creer lo contrario. No hay nada más gratificante que ver una persona exitosa que no intenta esconder sus debilidades. Lo que no perciben los buscadores de imagen, es la fragilidad de sus mensajes. Las fotos de la familia perfecta, la ropa impecable, el trabajo exitoso, el auto acorde, las vacaciones soñadas, las sonrisas perennes, la casa impecable. Los consejos y los discursos, que la mayoría de las veces son mudos. Nadie se lo cree. Nadie deja de percibir el esfuerzo por mostrar. Los otros, los terceros, simplemente saben. Saben que atrás de lo que esconde la búsqueda de la perfección hay en realidad una búsqueda de mostrar una imagen de perfección. Y en el fondo, muchas veces, vidas patéticas.

Y los terceros se ríen, generalmente a sus espaldas. Y de alguna manera disfrutan los fracasos de los buscadores de imagen. Buscan en su memoria las fotos de la familia perfecta, las sonrisas perennes, y las cátedras implícitas. Nadie disfruta que le enrostren perfección, salvo que fuere genuina. Por ello disfrutan cuando se corre el velo. No por envidia, como necesitan creer aquellos. Sino por la maravillosa belleza de la revelación explícita de la verdad.

jueves, abril 02, 2009

La muerte como bautismo

La muerte es un bautismo. Limpia el pecado.

Es de pésimo gusto referirse a los aspectos negativos de los muertos. Salvo acerca de aquellos sobre los cuales es políticamente correcto hacerlo. Mi autora de cabecera en protocolo jamás me lo permitiría, si me conociera.

Ha muerto el ex presidente argentino Raúl Alfonsín. Asisto azorado a la necesidad tangible del pueblo argentino de contar con un líder. Alfonsín, cuando sus deteriorados pulmones se llenaron por última vez a las 20.30 del 31 de marzo de 2009, fue bautizado. No pretendería de los argentinos mal gusto semejante al mío, profiriendo críticas fáciles a quien ya no está, propias de mi nacionalidad. Sin embargo, una demostración inmensurable de cariño, respeto y admiración hace pensar que hemos perdido a uno de los mejores estadistas mundiales de la historia.

Raúl Alfonsín, representa el mejor logro argentino de los últimos cincuenta años. Representa el fin de los golpes de estado. Golpes de estado que en la mayoría de los países de nuestra región han sido perpetrados, con masivo apoyo civil, por inútiles militares. Inútiles por naturaleza, porque no se han preparado para gobernar, sino para defender las naciones. Sin embargo, en casi todos los casos latinoamericanos, desde Cuba para abajo, se han engolosinado con el poder y peor de todo, han creído que sabían hacerlo. Desde Stroessner en Paraguay, el simple ladrón de pacotilla y dictador Pinochet en Chile, el asesino Fidel Castro en Cuba hasta el ex Almirante corrupto y criminal de Massera o el borracho e irresponsable ex General Galtieri en Argentina, son solo algunos ejemplos de ello. Perón o Chavez son demasiado obvios para incluir en la lista.

Raúl Alfonsín o Juan Pérez. Quien represente el fin de una era en Argentina, que esperamos jamás regrese, y que a mi entender ha sido el mejor, y tal vez único, aprendizaje luego de tanto sufrimiento, merece ser refrendado, recordado y nunca olvidado. Por aquello a lo cual representa.

Todos tenemos virtudes. Las del Alfonsín inundan los diarios estos días. Y muchas son realmente ciertas. Muchas virtudes que destacar entre sus pares. Y cuando digo muchas es porque así lo han sido. Ya me he referido, en 2007, en el post Tarde, al momento en que nos acordamos de las virtudes de las personas.

Pero aprendamos también a no bautizar con la muerte. Porque el olvido del pasado empobrece el futuro.

Alfonsín no pudo completar su mandato por inútil. Es la verdad. Y luego acestó, junto a Carlos Menem, una descomunal herida a las instituciones, permitiéndole a éste su reelección, y modificando la carta magna argentina. Todos los logros que pretendía Alfonsín con aquel pacto non santo, se han diluido. Sin embargo, el daño a las instituciones permanece inmutable, y ha sido el principio de muchos atropellos actuales a nuestros derechos.

Sé que puede aburrir a mis lectores en otros países que desconocen y son inmunes a los problemas locales de Argentina, por eso quiero mantener el mensaje que quería transmitir originalmente, que creo es aplicable en la mayoría de los rincones de la tierra, y que con el ejemplo del ex presidente Raúl Alfonsín quise reforzar.

La muerte es un bautismo.

sábado, enero 10, 2009

Los derechos del "hombre"

No tendrá más de catorce años. Mira por el espejo. El espejo no está empotrado ni es grande. Es un espejo de mano que acercan bajo su velo. Lo ponen de tal manera que a ella le permita ver, por primera vez y apenas, el rostro de quien será su marido. Al menos tiene todos los dientes, pese a su edad, podrá pensar. A su lado su padre orgulloso celebra lo que acordó con este desconocido, quien Dios (Alá) sabe como la tratará. Dependerá exclusivamente de él. Año 2009. Invierno en Kabul.

Los derechos humanos han sido el mayor logro del liberalismo. Conozco personas que en nuestra querida América Latina detestan hablar de los derechos humanos porque los sienten un patrimonio de la izquierda. Conozco personas cuyas bocas se empalagan al hablar de derechos humanos, pero niegan o justifican su violación por parte de quienes comparten sus ideas políticas. De derecha y de izquierda. Los derechos esenciales del hombre como el de la libertad y la propiedad privada no son precisamente una bandera que puedan enarbolar ni las derechas ni las izquierdas latinoamericanas. Ambas carecen de estatura moral para hacerlo.

Los derechos de las mujeres se han ido equiparando a los del hombre. No hace tanto las mujeres carecían de su derecho elemental a votar sus representantes en muchos países de la región. Los trabajos ya no requieren de la fuerza bruta de los hombres.

La mayoría de los trabajos, actuales y futuros, tienen como factor común aspectos en los cuales el género es irrelevante. En el pasado gran porcentaje de las labores estaban vinculadas al esfuerzo físico. Ese porcentaje ha descendido brutalmente. No se justifica hoy en día que sea un hombre por ser hombre quien acceda a un determinado puesto.

En varios países de Latinoamérica aún hoy el hombre es considerado como el proveedor.


Señoras, lo siento. Esto ha de acabar.

Ya no hay razones lógicas que justifiquen el rol de proveedor del hombre. Aún muchos de éstos se aferrarán a la tradición mandando a su casa a su mujer a cuidar de los hijos. La enorme dificultad de aceptar cambios nubla la vista. Muchos también querrán mantener su posición de poder. Y muchas lo aceptarán por comodidad.

No son pocas las mujeres enfervorizadas por los derechos que las asisten y la igualdad alcanzada, que encontraran un compendio de argumentos para no salir a trabajar. Las clases sociales adoctrinan. Ya no es un tema de discusión en las familias de clase baja o media, donde la necesidad de trabajar por parte de ambos cónyuges aleja cualquier otra opción. Sin embargo cuando esa necesidad ya no es tan acuciante, en varios de los estados de América Latina, las mujeres asumen como una obligación del marido proveer el sustento.

No voy a desmerecer el trabajo de las amas de casa. Ni el de los hombres que lo hacen, en un número cada vez mayor, mientras sus mujeres trabajan. No me estoy refieriendo a ellos. Pero pareciera que no han de durar mucho los casos en que las mujeres se queden en su casa, sus hijos en el colegio y los maridos en la oficina.


No se justifica que el hombre sea proveedor.

La revolución ha empezado. Y finalmente los derechos del hombre serán equiparables a los de la mujer. Cuántos, agotados y estresados, querrán haber nacido dentro de unos años, cuando ya no tengan que ser los únicos estigmatizados como simples proveedores.

Y aunque en Afganistán los años correrán lentos, en otros rincones del mundo los hombres dejaremos de ser el sexo débil.

martes, diciembre 30, 2008

Borrón y cuenta nueva



¿Quién? ¿Quiénes? ¿Alguien?

Cuando uno está en medio de una tragedia no tiene plena razón de su magnitud. Cuando se está viviendo en el paraíso, tampoco. Lo cierto es que ha sido siempre saludable para una mejor comprensión y objetividad de la historia, que sus protagonistas principales se encuentren ya lejanos a los acontecimientos. Una más enriquecedora interpretación de la historia recién se produce cuando las pasiones de sus protagonistas, y sus subjetividades, se han ido apagando.

Siempre estamos en la historia. Siempre. Los hechos simples y cotidianos son en sí mismo parte de la historia. La historia se compone tanto de acontecimientos extraordinarios como de la ausencia de ellos. En sí mismo, algo extraordinario.

Se preguntará, tal vez, qué parte de la historia estará viviendo usted hoy. Qué recordarán en el futuro de estos días. Serán los días en que las personas fueron contemporáneas de The Beatles. O de las bombas atómicas y la eterna discusión de cuántas personas hubieran muerto si la guerra hubiera continuado, en una eventual e inevitable invasión a Japón, frente al entierro instantáneo de inocentes en Nagasaki o Hiroshima. O ya más en nuestros días el resurgir de la barbarie que representa enfrentarse culpa de las religiones.

Pero lo que seguramente no notamos es la inabarcable consecuencia de la interacción de las personas a través de internet y el acceso a la información, toda, desde cualquier rincón del planeta.

El mundo es otro. Las personas, ya en sus mismas comunidades, ya con intercambios interculturales, están gozando y sufriendo un impacto fenomenal de cambios en la manera de relacionarse.

Cuando se está en medio de una tragedia, o en el paraíso, puede hablarse de él. No necesariamente uno es inconsciente de lo que está viviendo. Sin embargo, eso no significa estar asimilando el impacto y las consecuencias que tendrá.

Y es allí cuando me pregunto.

¿Quién? ¿Quiénes? ¿Alguien?

Los chicos van al colegio. Aprenden a escribir. Sujeto y predicado. La tabla del 6. Bahías y penínsulas. La Ilíada. La definición de historia: “Es la narración verídica y cronológica de los acontecimientos del pasado”. Escriben en letra cursiva y dibujan sobre el mapa físico de México, Argentina o el país donde vivan. Se sientan en pupitres, frente a una Maestra o Profesor, que frente a ellos, en un escritorio separado, les enseña. Detrás, usualmente, un pizarrón.

¿Para qué van al colegio? Qué aprenden distinto de lo que pueden aprender en Internet? Qué información que no pueden cotejar (tal vez incluso tomando contacto con más versiones de las que cuentan con la información unidireccional actual)?

Me pregunto quién, quiénes, o si alguien está pensando en un esquema totalmente distinto de educación. No me refiero a adaptación de herramientas.

Tal vez las escuelas, los colegios, mantendrán el fenomenal aporte a la socialización, al cumplimiento de las normas como base de una sociedad vivible, al respeto a la autoridad, o al uso de las herramientas que le permitirán acercarse a la información. O tal vez desaparezcan de manera física. Y los chicos del futuro solo se sentarán frente a su pantalla, tal vez de la dimensión de toda la pared de su cuarto, y cumplirán desde sus casas, con simples cámaras, del ritual escolar. Adivino su cara de espanto. Imagínese la de sus padres cuando vieron el la primer bikini.

Señor mío, sepa que su opinión sobre lo ridículo de tirar por la borda el esquema de educación actual, está viciada. Viciada porque es la que le permitió ser exitoso. O no. Y porque quiere lo mejor para sus hijos. Pero lamento decirle que ese ser parte de la historia le quita objetividad. Si la educación solo cambia en poner más computadoras en los colegios, habremos perdido muchísimos años. Mi visión es que la historia que nos toca vivir, la del fenomenal impacto del acceso a la información de manera quasi gratuita, y la extremadamente fácil interacción con otras culturas derrumbando las restricciones de las distancias, finalmente desembocará en un absolutamente nuevo sistema educativo. Y mantengo las esperanzas de que sea mejor.

Usar las mismas herramientas cuando el cambio es tan fenomenal, parece más un mecanismo de defensa ante el miedo al cambio que estar usando la inteligencia para mejorar a la humanidad.

Yo no lo estoy pensando. ¿Alguien lo estará haciendo? ¿Ud.?

martes, noviembre 11, 2008

Un Lugar en el Mundo


¿Donde estás ahora?

Ocupamos hoy, en este momento un lugar en el mundo. ¿Cuál? La pregunta no es profunda. Es simple. Sin segundas interpretaciones. Ocupamos un lugar en el mundo en este momento. En este siglo, en este instante.

Lo interesante es la relación de los otros con esos lugares o esos momentos. Siempre me ha sorprendido, cuando encuentro a alguien después de mucho tiempo sin verlo, el pensar donde habrá estado este tiempo. Cual ha sido su lugar en el mundo. Ese tiempo en el que yo ocupé un determinado lugar y viví cosas que el otro no vivió.

Ahora en este instante, cuántas personas que han ocupado un lugar en nuestras vidas ahora ocupan otro lugar, otro espacio y tal vez nunca se volverán a cruzar en nuestro camino.

Es muy valioso cuando las rectas vuelven a encontrarse. Y se aclara el panorama. Con los cuentos y narraciones acerca de donde han transcurrido tantos años. Es lo que pasa cuando volvemos a encontrarnos con los amigos de la infancia.

Y en el mejor de los casos detectamos como esos otros lugares en el mundo han sido de alguna manera incompletos. Y vuelven a completarse en el reencuentro.

Hoy estás leyendo estas palabras. En este momento. En este momento, aunque yo, autor, no lo sepa, vos, lector, estás allí, frente a tu computadora. Hoy tu camino cruza estas palabras. Cuantas personas que alguna vez fueron parte de tu vida, en la infancia, en la juventud o en tu madurez, están ocupando otro lugar en el mundo, ignorando que, tal vez, estés pensando en ellos. O no.

Pero por cada minuto que vivimos. Por cada segundo que respiramos, reímos o lloramos. Por cada instante. Por cada uno de ellos el otro vive su instante. Inconexo. Aislado. Autista. Resiliente.

Cada uno en su lugar en el mundo.

viernes, octubre 31, 2008

El mundo de los Inteligentes

Ser inteligente es tan genético como ser lindo.

En el post pasado me referí, no sin despertar bastante polémica que lamentablemente no se tradujo en comentarios, al impacto que causa la belleza en las personas. Y a las ventajas que esto permite a sus poseedores.

Ahora quiero referirme a la admiración que genera la inteligencia. Es decididamente más socialmente correcto admirar a alguien por su inteligencia más que por su belleza. Pero sin embargo, las razones que derivan en una u otra cualidad son igualmente genéticas. Por lo tanto, sin mérito alguno del sujeto en cuestión. Invariablemente, en mi estudio sobre este tema, he recibido la respuesta acerca de cómo, en contraposición a la belleza, la inteligencia se cultiva. Sin embargo, en mi opinión, ambas requieren esfuerzo para mantenerse atractivas y generar lo que generan en los terceros. Y por otro lado, entonces, el valor en cuestión es el esfuerzo y no la inteligencia.

Muchas veces cuando me sumerjo en las palabras escritas inteligentemente, suelo sentir envidia, que no reconozco aún como sana. Alguna vez me aclararon: es que alguien está ordenando lo que vos desordenada y confusamente tenías en mente.

Es cierto que el amparo genético de la inteligencia suele repercutir en obras y acciones más trascendentes para la humanidad que las acciones de las personas u obras de arte que calificaríamos como “bellas”. No siempre.

La inteligencia, indudablemente, provoca admiración. Como lo hace la belleza. Y ambas carecen, aunque puedan cultivarse o incrementarse y cuidarse, del mérito propio. Aún así, disfrutamos de ambas. Pero hacer prevalecer una sobre otra, cuando nos referimos al valor del sujeto, es puro snobismo. De cualquier manera, me alegro que todavía muchos prioricen el beneficio genético de la inteligencia.

jueves, septiembre 25, 2008

El Mundo de los Lindos

Siete kilos que desde hace quince años se resisten, no más de 1,70 de altura, pelada incipiente, cara redonda, muestran de manera inequívoca que el motor de este post es el resentimiento.

Nunca me sentí tan agradable como en aquel verano de juventud en Brasil. Nunca salí tanto. Lo entendí ya en Buenos Aires, cuando una amiga me preguntó:
- ¿Quién es éste despelote? (en Argentina dícese de alguien muy atractivo, entre otras acepciones)
- Bueno, sí, salí bastante bien, dije estúpidamente.
- No, querido, tú amigo. Es un bombón!

Siempre me sorprendió ese extraño mecanismo de defensa que hace que los hombres no nos demos cuenta de lo atractivo de otros hombres, aunque las mujeres no nos crean. Lo cierto es que esta revelación me hizo entender porqué a cada paso, en la arena blanca de Florianópolis, a Martín siempre le estaban diciendo: ¿No querés salir con tal o cual?. Por suerte siempre cual o tal quedaba libre, y allí aparecía yo.

La belleza genera en las personas una especie de embobamiento que nos hace sonreír y reaccionar autómatas y serviciales. Festejamos los chistes y miramos de reojo. O sin dejar de mirar. No hablo de hombres ante mujeres. Ni de mujeres ante hombres. Ni cualquier otro gusto “unigenérico”. Hablo de personas ante la belleza.

En selección de personal se vive de manera cotidiana. Sobretodo en las entrevistas realizadas por las líneas operativas, usualmente carentes de método. Los candidatos agradables a la vista y bien vestidos, llevan ventajas injustificables. O sí.

Cuando enseño técnicas de selección siempre hago hincapié en la importancia de “objetivar” la entrevista, es decir, identificar cuales son las características que por mis propias experiencias puedan estar distorsionando las habilidades o características que en realidad el puesto vacante requiere. Sin embargo, también insisto en prestar atención a las reacciones que generan las personas en nosotros, ya que en algunos casos, podría ser que se repitieran en el futuro en otras personas que interactúen con el potencial candidato. Y en efecto la belleza, cuando no es avasallante, suele generar en las personas que la enfrentan, una actitud positiva.

La recepción suele ser una posición clave, donde la belleza juega un factor no menor. La visita al edificio o planta de una empresa suele ser uno de los mayores generadores de imagen pública de esa empresa, más allá de los productos. Y las personas que primero interactúan personalmente con el visitante, suelen ser los/las recepcionistas. Por lo tanto, la primera imagen que se harán de las personas de esa empresa, será en ese momento. Piense en la imagen que quiera dar y en base a eso seleccione a su personal en recepción. A veces, la belleza, también juega su rol aquí.

De alguna manera también la fama es una variante de la belleza. Basta solo mirar los comportamientos de las personas ante famosos para comprenderlo. Y encontrará muchas similitudes a la cantidad de puertas que se abren a ambos.

Lo cierto es que la belleza, históricamente en la literatura– infantil o no - y otras artes, se ha asociado con el bien, lo cual abrillanta la obra de Oscar Wilde “El retrato de Dorian Grey”. Por el contrario, la fealdad al mal. Y ésta suele generar una percepción negativa del sujeto o el objeto.

No intentaré definir lo que no quisieron ni Borges: “La belleza es ese misterio que no descifran ni la psicología ni la retórica”, ni Wilde: “Es muy superior al genio. No necesita explicación.”



La belleza será tal vez lo que resulta agradable a los sentidos y genera placer. Es abstracta y subjetiva, aunque en la antigüedad, a través de los cánones, hayan pretendido definir las proporciones ideales de las personas. Se va tornando más objetiva dentro de cada raza o cultura, que identifican algunos patrones comunes de belleza. En China será el color blanco de la piel en las mujeres o en occidente los músculos marcados en los varones.


Pero siempre la belleza es armonía. Y la armonía abre puertas.

Sólo un frívolo diría que éste post es frívolo. La belleza existe. Interior o exterior. Y produce efectos en los demás. Generalmente positivos.

El consuelo lo da la finitud, y a palabras de Sócrates: “La belleza es una tiranía de corta duración.” También el genial Hermann Hesse encuentra alivio: “No hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla.”

No importa. Lo nuestro tiene más mérito. Por lo menos ¿no les parece que tengo linda letra?

jueves, agosto 28, 2008

Santiago Elizalde

Pacheco 274 Martínez.

Un jardín lleno de flores en un barrio muy tranquilo, en el que aún hoy se encuentra la casa en que nací. Y donde viví hasta los 19 años, salvo en los impasses obligados que me llevaron a Ushuaia, Bahía y Trelew y aquel a Punta Indio forzado por la guerrilla y sus consecuencias.

1971? 1972?

Mi hermana María Silvia estudia. Un compañero de facultad canta. Saca un LP. Martes a la tarde. Llego del colegio, a mis 7 años. Juan Pedro, otro de mis hermanos, faltó por estar enfermo. Me preparo el té, y Juan baja. ¿A que no sabés quien vino y cantó? Mentira. Decime que es mentira. ¿Silvia es verdad? ¿Con nuestra guitarra?

1972

La casa en la base Aeronaval de Punta Indio, adonde tuvimos que mudarnos a mitad de año, tenía un refugio preparado para cualquier posible ataque, en un subsuelo. Mamá hasta un refugio quería elegante. Pintado de blanco inmaculado no pudo resistir la presión unánime por fijar en sus paredes posters de Santiago Elizalde.

2008

Es imposible. Conseguir un MP3 de aquel memorable LP de Santiago Elizalde, donde estaban: Mas Allá del Horizonte o Viejas Fotos. Cualquier buscador falla. Hace 35 años que no escucho esas canciones. Busco. Busco. Nada.

You Tube. Con fotos de fondo escucho Mas Allá del Horizonte. No puedo creerlo. Me fijo quién lo había subido. Lo contacto. “Por favor, si supieras cuantos recuerdos hay en su música, me dirías donde conseguirla”. “Soy su hijo. Santiago. Vivo en España.”

Santiago (h) me mandó versiones nuevas, por mail.Le cuento la historia. Santiago estuvo en casa. Nunca lo conocí. Su música me marcó.Me pasa su mail.

Santiago Elizalde me contesta. Se acuerda de mi hermana. Me cuenta que no vivió de la música. Y me graba dos cds con las versiones viejas y nuevas. No tengo idea si la vida le fue fácil a Santiago. Me dicen que es viudo. No lo sé. Yo a cambio de su música solo le envío una caja de alfajores Havanna. Y él me agradece diciéndome que el que lo disfrute es suficiente. No entiende. No entiende lo que es la música en ciertas etapas de nuestras vidas. O sí. Y lo disimula con humildad.

Pongo los cds. Escucho Viejas fotos y Mas allá del Horizonte. Y las demás. Y millones de años después, al escuchar “Otra vez estoy aquí”, la canto como si siempre la hubiera escuchado. Es la vuelta a Pacheco 274.

“Otra vez estoy aquí,
Tantos años han pasado,
Veo que algo ha cambiado,
De la casa en que nací.
Cuantas cosas sus paredes,
Habrán visto en estos años,
Gente nueva gente extraña,
Vieja casa en que nací.
Un jardín lleno de flores
En un barrio muy tranquilo,
Solo un pedazo de cielo,
Era solo para mí”

Aún hoy, en este momento, la encuentro fácilmente en los rincones de mi memoria.

Y lloro. Cuando escucho esas canciones. Y mi alma desborda al volver a mi niñez.

Lo que se pierden quienes no crecieron junto a Santiago Elizalde.

O los que no encuentran a quienes estaban junto a ellos cuando crecieron .

lunes, julio 28, 2008

Mirar mejor

Saber más. Entender más.

Una vez, revisando los cajones de un armario, encontré los uniformes de mi padre, que estuvo en la 2da. Guerra. Y me los puse. Murió sin que lo conociera. Cuenta en off Roger Waters mientras la escena transcurre en la pantalla.

Ver un DVD con los comentarios de los actores o director puede ser una experiencia única. Especialmente para los que no se quedan con la mediocridad de la interpretación personal.

Escuchar a Sir Tim Rice hablando de Jesus Christ Superstar y las razones que lo llevaron a escribir acerca de un punto de vista distinto: el de Judas, o escuchar en esa misma versión a actor principal y director emocionarse hasta las lágrimas, 30 años después, en la escena de la crucifixión, puede ser un mensaje claro para los estúpidos que solo se quedan en la crítica (algo que siempre me llamó la atención: la estrechez mental del que lee o mira solo para criticar y así reafirmar sus creencias, incapaces de comprender otro punto de vista. Buscan frases, contenidos, subrayan, para encontrar argumentos descalificadores y después denostar, en vez de enriquecerse con otro punto de vista. Pobres).

Escuchar a Roger Waters explicando lo que siempre creí inexplicable y confuso, el disco y la posterior película The Wall, es una experiencia fascinante. El sin sentido, lo cobra. Cuantas interpretaciones erróneas. O verdaderas, ya que las interpretaciones son siempre válidas. Pero comprender lo que quiso quien lo escribió, actuó o dirigió, es fascinante. Es la diferencia entre saber y no saber. Saber con datos o suponer. Y juzgar, opinar.

Escuchar a Brian May y Roger Taylor hablar, más de 20 años después, sobre lo que significó haber tocado en Argentina en 1981 con su grupo Queen, sobre las imágenes de un inolvidable y sorprendente recital en Montreal, Canada, filmado meses después de su gira sudamericana, con envidiable calidad fílmica y sonora , le da un sentido único.

Saber. Conocer. Descubrir.

sábado, junio 28, 2008

Diarios Pálidos

Aburridos. Nada relevante. La vida es previsible. Predecible. Las noticias no lo son.
Por eso no leen los diarios. Por eso no saben quien es el Ministro de Economía. Por eso no se sobresaltan cada mañana al leer el diario. Por eso hablan de ecología, el cuidado del planeta y separan la basura en tres bolsas con colores distintos. Sin sorpresas al cruzar la calle, ni en los cambios de fecha en las vacaciones de sus hijos. Aburrido. Previsible.

Civilización o barbarie

Quedarse en la crítica o la admiración es una opción válida. La certeza es la diferencia entre ser o no más civilizados. Civilizados. Respetuosos del pacto que se hizo, a través de las normas, para poder vivir en sociedad. Es simple. Elijo vivir en sociedad. Para poder hacerlo tengo que fijar pautas. Nadie discute la necesidad de acordar que la luz colorada es señal de stop en un semáforo. Pautas que nos permiten vivir en sociedad. En los países civilizados, las respetan. No es muy complicado. En los nuestros, justificamos siempre la razón para violarlas.

Opción válida. Vivir con la adrenalina de los gobiernos interrumpidos, o de las decisiones que echan por tierra las normas que justificaron nuestra inversión en ese país. Y disfrutarlo.

Opción válida. Hacerlo intentando, en nuestro entorno, no ser así. Ser civilizados. Enseñarles a nuestros hijos que la justificación de no frenar en un semáforo por cuestiones de inseguridad es el mejor ejemplo de lo que no hay que hacer: creer que las normas se aplican solo a los demás. Barbarie.

jueves, mayo 22, 2008

Lo que no sabemos. Lo que perdemos.

Mercedes Sosa es una cantante popular argentina cuya voz es inolvidable y distintiva. Escuchar su versión de Alfonsina y el Mar, de Ariel Ramirez y Felix Luna, en honor a la poetisa Alfonsina Storni, eriza la piel. Canta en muchas ocasiones el himno argentino, con una peculiaridad. Cambia la última palabra. "Este pueblo se merece vivir con tranquilidad, ya no quiere más muertes de jóvenes", explica para justificar el “Oh juremos con gloria vivir”.

Las últimas escenas de la película El Padrino III de Francis Ford Coppola transcurren en la Casa de la Ópera de Sicilia, en Palermo, donde se interpreta Cavalleria Rusticana, de Mascagni.


Una pegadiza canción popular de un creativo artista argentino, Andrés Calamaro, dice “tengo un cohete en el pantalón, y vos estás tan blanca, como la nieve a mi alrededor, vos estás tan fría…”.

Un escritor maduro y culto a quien admiro suele decir murciégalo, ante la risa disimulada de sus amigos intelectuales, que no se animan a corregirlo.

No tenemos por qué saber que en realidad en invierno hace frío no porque la tierra se encuentre en el lugar más lejano al sol, sino por el ángulo de los rayos solares, ni que casi siempre que aparezca la palabra Gloria en una partitura, sus notas serán altas. No tenemos porqué saber que hubo un Papa de once años, ni que la persona que está a su lado en su oficina, o en la casa vecina, puede estar sufriendo angustiosamente.

Lo que sí tenemos que saber es que la ignorancia nos priva del juicio.

Vivimos opinando. Vivimos haciéndonos ideas y juicios de valor. Juzgamos lo que está bien y lo que está mal. Y a las personas. Cuantas veces, me pregunto, lo hacemos con la información necesaria.

Y vivimos privándonos del placer de saber. De conocer. De entender. Cualquiera sea la materia. Solemos tomar conciencia de lo que nos perdemos por no saber al recorrer un museo con una guía erudita, o al leer una crítica literaria reveladora.

Pronunciar la palabra murciégalo ha sido una complicación para gente de escasa educación, es por ello que hace mucho tiempo la Real Academia Española aceptó la versión vulgar de murciélago, como hoy la conocemos.

La muerte, en la guerra de Las Malvinas, en ese circo ya era una estrella. Fría y blanca.

Y si la ópera no muestra, en la versión de Coppola, el duelo que genera el desgarrador grito que revela el trágico final, es porque lo reservó para las escaleras ensangrentadas de la Casa de la Ópera.

Los argentinos, cuando cantamos nuestro himno decimos: “Coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir”.

Salir de la ignorancia, aunque sea en algunas pequeñas cosas, nos ayuda a comprender, a disfrutar, a apasionarnos por ellas, y así, éstas, de a poco, reticentes, nos van ayudando a ser personas un poco más justas y libres.

miércoles, abril 30, 2008

No solo buenas noticias

Me senté. No había mucha gente alrededor, ya que era un día de semana. A la noche.
Una parrilla, como las llamamos aquí en Argentina, donde la carne es estrella y los precios irrisorios para cualquier lector del blog en otro continente. No para nosotros.

Tres amigos íntimos. De entrada decidimos que hablaríamos en serio, casi disculpándonos. No es snobismo decir que nunca con ellos hicimos lo contrario. Entre comentarios mucho más interesantes, pregunté acerca de dos temas acerca de los cuales quería escribir. El primero se refería al placer del caos. El segundo al punto de contacto entre fama y muerte.

Obtuve la aprobación acerca de ambos temas, lo cual me generó la presión adicional que siento hoy, ahora. En este momento en que afuera está ya oscuro, abajo los leños están encendidos, las voces de mis cuatro hijos empiezan a acallarse y la noche se siente en el ambiente.

El placer del caos

Hasta por lo menos mediados de siglo Latinoamérica está condenada al fracaso. Un mensaje optimista para aquellos que hemos hipotecado nuestra vida en este rincón del mundo.

En Argentina, últimamente las noticias están empezando a reflejar la realidad. El caos es inevitable, como en Bolivia, que irremediablemente tendrá un gobierno que no finalizará su mandato. El caos en Venezuela no es realidad solo para aquellos que no la visitan. Casi instintivamente, caminando en puntas de pie en las piedras ya heladas, por las mañanas, muy temprano, busco el diario. Y de alguna manera me regocijo de manera masoquista frente a las noticias propias de un país de risa. Más risa causa el pensar que el slogan oficial fue durante un tiempo: Argentina un país en serio.
Ser pesimista respecto al futuro mediato, estoy seguro, es ser realista. No creo que haya mejor principio para alguien que tiene responsabilidades – ya sea en un país, una empresa, cualquier entidad o una familia – que ser realista acerca de la situación que le ha tocado en suerte.
Ahora bien, debo reconocer que me siento morboso y enfermo sabiendo que si veo una carrera de Fórmula 1, lo hago pensando en que pueden tocarse los autos en la largada y generar un caos. Ver una largada prolija y profesional me desilusiona. A veces pienso que soy el único en el mundo con esta enfermiza maldad. Pero al ver como repiten una y otra vez un accidente, me siento de alguna manera acompañado.

Con la realidad política me pasa lo mismo. Siento que mi indignación por las barbaridades a las que nos hemos acostumbrado disminuye cuando un diario anticipa rostros crispados en el poder de turno. Quiero firmemente que nos vaya bien. No conozco ningún país que haya construido su progreso sin continuidad democrática. Estoy absolutamente convencido de ello. Por eso me siento solo pensando en que realmente me desilusiona, por ejemplo, leer en la mañana que las cosas siguen su curso y que no hay atisbo de crisis que refleje el grosero nivel de corrupción, injusticia e ineficiencia en alguno de nuestros países.

El placer del caos. Debo ser el único a quien le pasa.

La fama y la muerte

Siempre sentí que se tocaban, no en el protagonista sino en los terceros. Igual que en el caso anterior es probable que sea solo una percepción que solo a mi incluye.

Los terceros que de alguna manera han estado en contacto con los protagonistas – ya de la fama – ya de la muerte – luchan por demostrar su cercanía a éstos.

Increíblemente aparecen relatos de juventud que intentan demostrar su relación con aquel que alcanzó la fama.


Cuando alguien muere o es famoso los conocidos florecen por doquier. Aparecen millones de ellos, que sentidos recuerdan alguna vivencia común. Hay veces en que nos parece estar asistiendo a una competencia infantil por demostrar cercanía.

La fama y la muerte se tocan en los terceros.

Los verdaderos conocidos de los famosos rara vez hacen alarde de esa amistad.

Los verdaderos conocidos de los que ya se han ido rara vez hacen alarde de esa amistad. En cambio se retraen, en soledad, en silencio, y se permiten sentir sus hombros vencidos, el mayor reflejo que he encontrado, junto al frío en la noche, del dolor de la muerte.